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hormigueo horrible en extremidades y cara por la pérdida de potasio, así que tenía que tomar
boi k (potasio) para “aliviar” los efectos secundarios.
Estuve un tiempo con el Diurético, tomando seis comprimidos de 250 mg al día, y
finalmente suplicando punciones para aliviar la presión. Una de las punciones me la realizaron
dos chicas sin experiencia y ¡hasta ocho pinchazos me llevé!. A veces daban en el hueso e
irradiaba el dolor a la pierna, ¡fue horrible!. Al final lo dejaron por imposible para que al día
siguiente lo hiciese la neuróloga. Lo consiguió a la primera pero también fue muy doloroso.
Como algo de interés, tengo que decir que en todos estos años he aprendido, que una
punción lumbar debe hacerse por personal específico (Neurólogo, Neurocirujano y/o
Anestesista) bajo un protocolo de actuación. Si hubiese sabido esto antes, esos ocho
pinchazos no los hubiese recibido. Al final, tras ir día sí día también, decidieron derivarme a
neurocirugía.
El día que lo vi me programó una punción lumbar y decir que no sufrí (vaya diferencia
entre los anteriores y el neurocirujano). Lo hizo a la primera y sin dolor alguno, aunque extrajo
más líquido de la cuenta y me provocó hipotensión (déficit de líquido cefalorraquídeo), por lo
que tuve que estar con cafeína y tumbada (ingresada) una semana.
Cuando mejoré me realizaron una arteriografía, ya que en las resonancias, aparecía
una arteria del cerebro más cerrada. Fue entonces cuando me hablaron de que tal vez fuera
necesario poner un “stent” para abrirla pero no hizo falta pues tras la punción, la arteria estaba
bien porque no la presionaba el líquido cefalorraquídeo.
Nos adentrábamos en febrero de 2014 y mi neurocirujano decide operarme en abril. Me
hizo otra arteriografía con contrastes, ¡despierta! (lo pasé fatal), y me dejó ingresada ya para
operarme. Me operaron el 14 de abril de 2015 y colocaron una Válvula Ventrículo-Peritoneal
(de la cabeza hasta el peritoneo). Me raparon media cabeza y me lo pusieron…
El 17 de abril tuvieron que extraer la válvula porque estaba mal puesta y me pusieron la
Lumbo-Peritoneal (de la columna al peritoneo). Tras esta operación me entró una infección en
el cerebro y tuve que estar un total de 37 días en el hospital. En cama y con antibióticos muy
potentes) cada 12 horas. Fue una experiencia realmente dura para mí, los antibióticos me
quemaban las venas y tenían que cambiarme la vía prácticamente a diario. El dolor de
cabeza era insoportable… Después me rechazaba la válvula y tuve que acudir durante una
temporada a curarme. Al final, no la rechazó mi cuerpo pero he estado hasta noviembre de
2015, pasando de hipertensión a hipotensión porque no encontrábamos la regulación correcta
para mí (no la pillábamos el punto).
Hoy, en enero de 2016, tengo días buenos pero son mayores los días malos que los
buenos. El período me afecta mucho y estoy varios días antes de que llegue, fatal. Ahora a
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