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Newsletter CREER Nº 97 Abril / Junio 2020
En fin, toda la proyección que iba a dar a mi equipo esos Premios, que sin lugar a
dudas son una estupenda forma de visibilizar a la Sociedad el buen trabajo que se realiza
y darnos un impulso para continuar trabajando, sufre un parón drástico.
En resumen, hemos pasado de explorar, tocar, palpar a nuestros pacientes a que
nos indiquen que debemos de extremar las medidas y ahora ¿qué? La medicina de
familia es una especialidad que se basa en la comunicación, en la interrelación paciente
familia… Nos han enseñado que es necesario tocar, sentir, palpar, explorar… Que es
preciso mirar a la cara, notar los gestos del paciente, sentir la comunicación no verbal y
de pronto nos indican que usemos mascarillas, batas que nos cubran, fuera anillos,
pendientes, relojes… que intentemos solventar todas las consultas por teléfono. Nuestra
ropa también cambia, pasamos de ropa normal que usábamos para salir a la calle
poniéndonos una bata para pasar consulta y ahora nos piden que nos pongamos
pijamas, zuecos y nos los quitemos antes de entrar en nuestra casa y nos peguemos
una ducha y lavemos esa ropa usada en consulta de manera especial. Pues imaginaros,
yo con dos niñas pequeñas (4 y 8 años) que cuando me ven llegar a casa quieren
lanzarse a mis brazos y les tengo que decir esperar que me tengo que duchar.
No puedo quejarme en absoluto de la Dirección de mi zona de trabajo que intenta Los Profesionales Escriben
mantenernos al día creando un grupo de WhatsApp, en el que intentaban darnos toda la
información actualizada pero realmente muchos íbamos como “pollos sin cabeza”.
Estábamos acostumbrados a las reuniones 1 vez a la semana en las que se nos daban
pautas estrictas de cómo trabajar y podíamos preguntar. Ahora nos enfrentábamos a una
situación nueva y lo que teníamos era una inundación de documentos por WhatsApp por
los que no sabías por donde ibas a empezar y que cambiaban día a día.
En mi caso, cuando ya entraba en pánico, llamaba a una compañera que está
siempre muy bien informada y corroboraba si entendía la información correctamente.
En mi primera guardia, con caso supuesto de COVID fue otra tremenda
experiencia. Me vi embutida en un conjunto de prendas “imposible”, una mascarilla
asfixiante, unas gafas de buzo y una bata que me llegaba al suelo. La mascarilla causa
una sensación de “agobio” tremenda y empañaba las gafas de buzo. De esta “guisa” nos
plantamos en una casa y al oír desde lejos toser y toser a la paciente (una chica de 30
años) entramos en su habitación y le pusimos una mascarilla. La mascarilla forma parte
del protocolo y tras ello se siguen las preguntas y la valoración. No sé cómo describir lo
que sentí en ese cuarto, no era capaz de leer los informes médicos porque las gafas se
me empañaban con mi propio aliento por el uso de la mascarilla. Yo era consciente que

