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Newsletter CREER Nº 97 Abril / Junio 2020
centro médico, que se le atenderá en una zona limpia y guardando las medidas… al final
todo esto consume tiempo y energía al médico.
Por último, no me gustaría olvidar que en estos meses también fallece la gente de
otras enfermedades y lo hace en su domicilio. La medicina de familia siempre ha estado
al lado del paciente hasta el final de sus días, acompañando y apoyando. Pues bien, no
es lo mismo darle la mano al paciente, tocarle la frente, decirle que esté tranquilo con
guantes y mascarilla que sintiendo el roce de tu mano y la expresión de tus labios.
La verdad que el tema de las personas que en estos meses se han despedido de
nosotros merecería unas cuantas hojas extra porque luego se me queda la familia
Los Profesionales Escriben
desolada por no haber cerrado como hubieran querido su adiós.
Por último y a mí, cómo me está afectando, pues sinceramente una locura, porque
yo sigo trabajando aunque con la suerte de que mi marido hace teletrabajo y puede estar
con mis niñas (esta suerte no la tienen los que ambos padres son sanitarios). Al llegar a
casa se me junta el leer la gran cantidad de información que nos proporciona mi
dirección, intentar sacar adelante el ensayo del Wolfram con la de trabas que estamos
teniendo, continuar con mis proyectos de investigación del Wolfram y los proyectos
sociales del Wolfram cuando “todo” está parado, tranquilizar a las familias con ER,
reorientar a nuestros estudiantes en prácticas de la universidad para que hagan prácticas
on-line. En todos estos obstáculos del Wolfram cuento con mi equipo, que al menos me
ayuda a que no entre en “pánico”. Además, debo de atender a mis niñas porque aunque
es cierto que mi marido hace teletrabajo, los que tienen niños y teletrabajo saben que
esto es muy muy difícil de compatibilizar y queda mucho trabajo pendiente para terminar
por las tardes. ¡Ah! se me olvidaba, se suponía que en mayo mi niña mayor hacía la
comunión, los que tienen niños en las edades de mi niña y les han anulado el “día grande”
de sus hijos saben de lo que hablo.
Gran parte de las reflexiones que plasmo en estas hojas están en un capítulo del
libro “El tiempo mágico” que ha sido un proyecto en el que todo el dinero que se recaude
irá para la lucha del COVID. Cuando me llamarón para que escribiera un relato, no pude
negarme por dos cosas; una por el motivo para el que iría destinado lo recaudado y otra
que me posibilitaría visibilizar la realidad de las enfermedades minoritarias.
Poco a poco parece que vamos saliendo de la “alerta sanitaria” y poco a poco
deberíamos de recuperar la normalidad pero con muchas precauciones. Debo de
confesar que yo misma cuando me enteré de la fecha en que se podía viajar entre
provincias llamé a dos familias con Síndrome de Wolfram para valorarlas y ver si

