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cosa, don Hilario”, era mi segunda
frase. Posteriormente fui escalando
puestos que, repito, en aquel tiempo
era muy difícil. Que te admitieran en
una compañía ya era un gran presti-
gio, no como ahora, que el teatro
adolece de cabeceras de cartel, de
primeros actores que podrían serlo
pero que están acaparados por la
televisión. Y así es como yo empecé.
NOSTALGIA
- ¿Qué es lo que queda de aquel Artu-
ro Fernández?
Bueno… queda la nostalgia. Años
más tarde de esos comienzos de los
que te hablaba, entré con mi propia
compañía en el Infanta Isabel, es la
vida… Cuando paseo por Madrid
recuerdo las pensiones en las que
estuve, las calles que me recorría, los
portales, los balcones… Te vienen a
la memoria los recuerdos, tantos
momentos que no puedes entender
como es posible que hayan transcu-
rrido cincuenta y tantos años… Te
preguntas ¿Cómo es posible que yo
haya venido con veinte años y que
hayan pasado ya casi sesenta? ¿En
qué se me pasó todo este tiempo?
– Es sabido y reconocido que es uno
El actor asturiano en el escenario del Teatro Marquina de Madrid.
de los hombres más elegantes de la
escena española. ¿Cree usted que ha con ese interés por ir bien, trata de – ¿Qué hace para estar tan estupendo
ganado parte de esa elegancia con mantenerlo. Eso nace, te vas criando siendo ya todo un señor?
los años? con ello. Yo recuerdo que cuando Pues no lo sé, soy un hombre
Mi madre me decía siempre que tenía catorce o quince años me podía feliz, siempre lo he sido, durante
tenía que ir muy limpio, y eso es ver- pasar horas viendo los trajes de una toda mi vida. Hubo un paréntesis
dad. Creo que la elegancia es algo sastrería que había en Gijón –Monte- en esa felicidad cuando murieron
innato en uno mismo, se pueden carlo-, y reconozco que en eso siem- mis padres, obviamente el dolor es
combinar mejor o peor los colores y pre he sido un poco obsesivo, busca- terrible pero es algo que forma par-
las prendas pero creo que eso viene ba la perfección en el arte de vestir. te de vivir, ese dolor nunca lo olvi-
de las raíces de la juventud, y en mi Pienso que va con la persona y con la das, pasa a ser menos intenso y te
caso, el vestir bien era esencial, como profesión. Yo, como actor, todo lo que haces a la realidad pero, dejando
una tarjeta de presentación. En todas soy, mucho o poco, se lo debo al ese episodio a un lado, nunca he
las clases, desde el obrero al burgués, público y, por tanto, es un respeto tenido ningún problema con nadie,
el domingo de pascua se intentaba que le tengo. El público me ha acep- siempre he sido muy recto en las
vestir un traje nuevo y las mujeres tado como soy y es así como me gus- cosas y, por lo tanto, no me ha ido
igual, si podías comprarte un par de ta mostrarme. Pero es que va conmi- mal. He tenido la suerte de tener
zapatos lo hacías… Supongo que, en go mismo: el respeto hacia mí y hacia tres hijos fantásticos que jamás me
la medida de lo posible, quien nace los demás... han dado un disgusto, eso es total-
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