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Newsletter CREER Nº 95 Enero 2020
- Llanto de demanda de ayuda: el sujeto comunica que ha surgido un problema:
hambre, dolor, sueño, soledad, miedo…, y llora demandando ayuda para
solucionarlo.
EDITORIAL
- Llanto de ofrecimiento de ayuda: otro sujeto observa al sujeto con problemas y le
lleva a tener un sentimiento de empatía, colaboración, dar ayuda y lo expresa con
lágrimas.
En algunas situaciones, estos dos tipos de llanto coexisten.
El llanto por petición de ayuda, suele producir vergüenza, sobre todo en los hombres,
porque denota debilidad. Mientras que el llanto de ofrecimiento de ayuda no resulta
vergonzoso, porque expresa solidaridad y empatía, sentimientos positivos que
engrandecen.
Lloramos ante las pérdidas, el sufrimiento físico, el sufrimiento psicológico, la
observación de un acto heroico o el alivio de otros, y por motivos positivos. Y
expresamos muchas emociones: pena, dolor, risa, etc… Lloramos en soledad o ante
otras personas buscando consuelo, soporte social, apoyo, comprensión… Lloramos
para producir en el otro emociones, para disuadirle de que nos ataque.
El llanto emocional varía ampliamente entre las diferentes culturas pero es universal
en la sociedad humana y es específico de la especie humana.
El dónde, cuándo y cómo llora la gente no solo varía según el sexo, etnia, cultura y
psicología individual, sino también según las condiciones socioeconómicas, el nivel
educativo, la tradición familiar, las creencias religiosas, e incluso la ocupación.
Carmelo Vázquez, catedrático de psicopatología en la Universidad Complutense,
dice: lloramos porque somos humanos y forma parte de nuestra condición física,
psicológica, social y cultural.
Todos estos datos anteriores, nos pueden ayudar a entender mejor y de otra manera
esta conducta humana y nos podremos expresar con ella con mayor naturalidad, lo
que nos hará mejores personas y hará mejor a la sociedad.
A los profesionales sanitarios que en ocasiones nos produce cierto malestar o
pensamos que somos menos profesionales si nos emocionamos o se nos saltan las
lágrimas con algún paciente, nos va a ayudar lo siguiente:
“Hace años, cuando era estudiante, lloré por un paciente. La adjunta me miró con
una sonrisa condescendiente y comentó:
—Desde luego, tú no vales para médico.
Hoy, saliente de guardia y tras haber llorado por otro paciente, comprendo que la que
jamás valió fue, seguramente, ella.”

