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Jorge Cela: “Escribir… ¡no es nada, pamplinas!”




        estaban haciendo lo mismo: dar un  inspiración: “Pues sí, algún libro  menorizar en exceso a los lectores?
        esquinazo de la vida con crueldad y  se lo he escrito, como en Cartas a  “Total y absolutamente”.
        verdad, con una irónica moderación  una  novia”,  el  más  denso  y  cele­
        de escritura, entre lo coloquial y la  brado de sus libros (recopilación  “Frescura, lozanía, limpieza. El poe­
        historia natural”.                de cuentos). Pareciera como si, de  ta respira con fuerza para llevarse a
                                          pleno acuerdo, se pusieran a de­   los pulmones lo que quizá la vida al­
        “Pero es lo mismo, los críticos no  sacelerar la vida y adensar la obra  gunas veces no le proporcione, aun­
        dijeron nunca nada –censura en su  de Jorge, en  un ambiente sosega­  que  la  palabra  siempre”,  escribía
        estilo Umbral– porque los críticos  do y sin tic-tacs. Ejemplo: su pro­  Jorge de Gabriel Cela… ya. ¿Mera







































        no hacen literaturas comparadas y  pia casa. De aire apacible, solea­  identificación,  o  algo  más  que  un
        se guían por los premios (…) Jor­  do y adaptado a su vida de escritor,  apellido  compartido,  aun  solo  en
        ge Cela Trulock es un intimista de  lejos de lujos accesorios y fuerte  parte? –“Sí –ríe–, tiene su gracia la
        lo vulgar, un escénico profundo y  presencia del arte: cuadros de dife­  coincidencia.  Con Celaya,  en todo
        cachondo,  un  escritor  tan  perso­  rentes autores, retratos –“este mío  caso,  es  fácil  identificarse.  Su  sen­
        nal que está llegando a la minera­  es de Ulbrish”–, fotos familiares,  cillez,  su honestidad, sentirse uno
        lización de su escritura, que un día  plantas y libros, siempre a mano,  más del universo, ideas o resultado
        será fósil valiosísimo para saber  jalonan la amplia estancia del sa­  que le llevó, en su caso, a la políti­
        cómo escribían en nuestro milenio  lón de su piso madrileño, al norte  ca, a su propia e íntima revolución...
        los españoles que escribían bien”.  de la ciudad.                    ¡Pero fue más que un poeta social,
        Ahí es nada.                                                         un poeta del amor! Un hombre fuer­
                                          Cela por y con Celaya              te, grande, de grandes risas, gesticu­
        Jorge Cela, como hacen los gran­                                     lante, masticaba todo: masticaba el
        des, crea “por placer y por capri­  Repasando su currículo, el de Jor­  amor, masticaba  la  amistad… Y el
        cho, sin más fin”, y de la mano –“Ya  ge, se aprecia su admiración nota­  párrafo, sus palabras”. Un texto este
        juntos casi 60 años”– de su insepa­  ble por Celaya. ¿De acuerdo con él  de una entrevista de Jorge a Gabriel,
        rable María –“… siempre juntos”–,  sobre la oportunidad de sugerir por  que hace pensar al más pintado, si se
        compañera, cómplice, superfan e  parte del escritor, mejor que por­  puede “entrevistar” mejor…


                                                                                           Más información  17
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