Page 55 - 315
P. 55
Maika Aniceto: “Siempre me regalan libros…”
“Cualesquiera que hayan sido nuestros
logros, alguien nos ayuda siempre a al-
canzarlos”.
“Yo mismo, al mirarme, me costó re-
conocerme. Ahora me daba cuenta por
“Cualesquiera que
hayan sido nuestros
logros, alguien nos
La escritora
madrileña, a quien ayuda siempre a
leer y escribir alcanzarlos”
llena su jornada, se (Althea Gibson)
decanta decidida por
el libro de papel y
nada proclive qué corrió el hombre al verme y si me
a las máquinas y
ordenadores... acercaba a preguntar a alguna persona
“El libro, siempre”. con la pinta que tenía, no me haría caso.
Tenía que buscar un sitio donde poder
La niña que llevaba en sus brazos se le “A la mañana siguiente –concluye cambiarme de ropa, porque si me viera
escurría. El hatillo de la espalda se ha- Maika este pasaje–, el hombre abrió la policía así les daría motivos para sos-
bía mojado y le pesaba horriblemente. la puerta y, acurrucados a ella, vio los pechar. Por otra parte, tenía que llegar a
Tenía que encontrar un sitio donde pa- tres cuerpos helados, abrazados, como casa de mi amigo cuanto antes…”.
sar la noche. Miró a lo lejos y vio una queriéndose dar calor unos a otros. Y
casa. El niño arrastraba sus pies, ya sin el perro de la casa, más compasivo que “Llegué a una placita pequeña y vi un
fuerzas para poder levantarlos. el dueño, les lamía la cara”. hombre muy viejo, que estaba dando
–Vamos Lok, un esfuerzo más –y le de comer a las palomas. Le enseñé el
apretó la mano, como dándole la fuer- Premio Internacional papel con la dirección , pero el pobre
za que ella no tenía…”. Pro Derechos Humanos no lo podía leer, porque casi no veía y
yo no sabía hablar su idioma…”.
“La distancia se acortaba, pero tam- Maika Aniceto consiguió con su libro
bién sus fuerzas. El tejedor de relatos el Premio Interna- “El viejo metió la mano en el bolsillo y
–Ánimo, hijos, que ya estamos cerca. cional Pro Derechos Humanos, libro me dio cinco duros. Desalentado y sin
El pequeño hizo su último esfuerzo, editado por Solingraf (Ediciones Letra saber qué hacer, me senté en un banco
pero sus menudos pies apenas podían Clara, Sistema Libre de Edición). que estaba al lado. En el mismo sitio
moverse. El sufrimiento y el agota- estaba sentado un hombre de unos cin-
miento se reflejaban en su menudo Sobre Lazos de Sangre, publicado dos cuenta años, que tarareaba una canción
rostro y la lluvia lo empapaba todo. años más tarde que El tejedor de rela- que yo conocía, porque era árabe como
Tiritaba y el castañeo de sus dientes tos, esto es, en 2004, y por la misma yo. ¡Qué alegría! Le hablé en mi idioma
no cesaba. Ya habían llegado. Llama- editorial, Maika hace el siguiente relato y me entendió. Se ofreció a acompañar-
ron a la puerta y salió un hombre, que sobre uno de sus capítulos –“El hace- me, ya que estaba muy cerca de su casa
les preguntó de dónde eran. La mujer dor de llaves”, el epílogo del mismo–, la dirección que yo traía. (...) Al llegar,
suplicó: libro del que ella misma es “también saludó a mi amigo, porque se conocían,
–Mis hijos están ateridos de frío. Por fa- autora de su ilustración”, y al que de- y yo me quedé. (...) Hoy hago llaves y
vor, déjeles entrar a ellos, por favor…”. dica un comentario de Althea Gibson: pronto traeré a mi familia”.
Más información 55

