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Cara a Cara
LEPOLDO Su sencillez se visualiza en un pequeño
despacho repleto de fotografías dedica-
ABADÍA das, periódicos y un rastro de anotacio-
nes que añadir “a las primeras ideas en
papel que pueblan la mesa del comedor
antes de que mi mujer las mande quitar
PROFESOR Y ESCRITOR ante la llegada del almuerzo”. No hay
más, lamenta entre carcajadas y una
dedicatoria de amor a su mujer por
“Estoy muy feliz tanta paciencia contenida. Leopoldo
es tan sencillo y humilde que se explica
con la edad que tengo, a su manera. “He trabajado mucho y
compensado mi ignorancia en algunas
cosas con sentido común. Ni ahora ni
no es marketing” cuando tenía veintisiete años imagina-
ba que todo esto pudiese ocurrir, ¡si es
que hasta mi mujer se apresura a recor-
darme que detrás de un gran hombre
siempre hay una mujer sorprendida”¡
Volvemos al principio de la entrevista
Leopoldo Abadía siempre ha meditado los tiempos. Cuando ha- con su último libro en la mano. Una
bía que trabajar recurría al patrón basado en el ensayo y error curiosidad se repite en cada una de las
de genios como Picasso o Freud: analizaba un problema, crea- nueve portadas. Siempre sale sonriente,
ba una solución. Y no le fue mal. Ni en sus inicios en la sastrería
La Confianza ni como ingeniero industrial o profesor de política en traje y sin repetir corbata. Parece lle-
de Empresa durante 31 años. En una vida demasiado planificada var al detalle aquel aforismo de McLu-
junto a su mujer, doce hijos y 45 nietos –alguno más va en cami- han que decía que “el medio es el men-
no– faltaba algo. “Mi gran logro fue escribir para entender yo la saje”. En este caso juega con la imagen
cosas”. Así comenzó la redacción de palabras y significados que para decirnos desde la primera página
encontraba en periódicos. Una manera de no ser misoneísta. muchas cosas. “El que se pone en traje
“Elaboré un pequeño diccionario de unas quinientas palabras de baño para ir al Liceo está mal y al
que iba mandando por sms a mis amigos”. En uno de esos voca- revés también. Siempre he ido con cha-
blos encontró la fama. Añadió la palabra crisis y de una pequeña queta y corbata”. Esa forma de trans-
glosa aparecieron seis páginas que “corrieron por todos los mó-
viles de Barcelona, incluso un directivo muy importante de un mitir una imagen atractiva y actual
banco lo hizo circular firmado por él”. es exportable a cómo ve a las personas
mayores de ahora.
La llamada de la editorial Espasa no se hizo esperar. “Pensaba
que querían venderme unos libros, pero ya ves, a los 75 años ¿Leopoldo tiene más de niño, jo-
iba a escribir mi primera obra, La crisis ninja”. “¿Qué te parece?”, ven o persona mayor? ¿Qué edad
pregunta con una carcajada antes de “mojarse” los labios con te gustaría tener?
el sorbo de un jerez. La historia tiene mucho de fortuna. Y de Tengo más de viejo, y no lo digo de
tardía, pero Yo de mayor quiero ser joven es su noveno libro es- modo peyorativo. Estoy muy feliz
crito. En todos se cumple un precepto involuntario, “nunca he con la edad que tengo, no es mar-
podido elegir los temas”. Responde con la actitud de un genio keting. No quiero ni necesito tener
en esa coincidencia que tienen todos ellos por la dedicación, el cuarenta años. Es curioso lo que
sacrificio o la pasión. Eso sí, no se levanta al alba para escribir, nos preocupa la edad y el enveje-
no hay rutinas claustrofóbicas, tampoco escribe tumbado con cimiento porque entre otras cosas,
un café y un cigarrillo en la mano como Truman Capote, ni su tiene mala prensa. Fíjate que, en
estudio tiene doble puerta para aislarse del ruido como tenía el una librería de Valencia, tenían el li-
dramaturgo inglés Charles Dickens. bro Yo de mayor quiero ser joven en
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