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Mª José Anglada, la pintora de caballos
cer bien y convivir con sus numero-
sos primos (su abuela paterna ha-
bía tenido 18 hijos; todos varones).
Después, también sola, se trasladó
a Ariza, para conocer a la familia
de su madre, en cuya población
zaragozana permanecería unos
meses, regresando luego defi nitiva-
mente a Barcelona. “Salí de aquel horrible túnel gracias za a descubrir otros temas, utilizan-
a los tratamientos de aquel doctor, do a sus dos hijas como modelos.
A María José, ya de muy pequeña, y también a la ayuda de los amigos, Seguidamente, la artista se interesa
le entusiasmó la música, como can- a la de mi esposo y el calor y afecto por los motivos vegetales, atraída
te, y las monjas teresianas –en cuyo de mis dos hijas…”, recuerda Ma- por la magia y el color de algunas
colegio aprendió sus primeros cur- ría José con los ojos todavía húme- plantas; entre ellas, los cardos –es-
sos– no tardaron en descubrir sus dos. Pero en medio de aquel caos, pecie que está relacionada con el
cualidades con la voz; ella ya can- como si de un milagro se tratase, sol, y colocada como talismán pro-
taba con nueve años en el coro; y ella vio el resplandor de la luz; y esa tector en las puertas de las casas y
también la pintura, arte que apren- salida a su apesadumbrada vida se masías de muchos pueblos catala-
dió en este colegio, especializándo- la dio el arte de la pintura, después nes–. Y fue precisamente cuando,
se en el dibujo. de hacer caso a los consejos de los al estar desarrollando uno de estos
suyos y también de los amigos y temas, y aún sin terminar, cuando
Pero sucedió algo terrible. Su úni- amigas que no dejaban de animar- un amigo que llegó a su estudio, no
co hermano, Luís, a consecuen- la. “Me decían: María José, tú pue- dudó en decirle: “María José, este
cia de un lamentable accidente, des”; ante lo cual contestaba: “Sí, cuadro me lo llevo para presentarlo
falleció junto a su esposa, que es- no dudo en mis posibilidades, pero en el Palacio de las Naciones”, en
taba embarazada de tres meses; yo hago diseños, dibujos, pero no donde se desarrollaba por aquellos
y María José quedó hundida, en me atrevo con plasmar un cuadro. entonces una exposición colectiva
una profunda depresión; fue el Y al fi nal me atreví; convertí una bajo el título: “El Quijote de Oro”.
año de la gran nevada en Barcelo- silla antigua en caballete, y coloqué La artista, totalmente extrañada,
na. Atendida por médicos, y fuera el lienzo, ante el cual comencé a fue reacia a la entrega de aquella
de sí, María José no terminaba de darle forma”, recuerda María José. obra. Al fi nal, el amigo la con-
salir de un profundo abismo; nece- Y así surgió la aventura de la pin- venció, aunque tuvo que esperar
sitó ayuda con psicoanálisis, para tura para esta artista, que se ayudó a que María José la terminara. La
recuperar su confi anza y autoesti- de un espejo para llevar a cabo su sorpresa se produjo días después,
ma; estuvo atendida por el célebre primer cuadro que, era en defi ni- cuando recibió una llamada, una
Dr. Bartolomé Salas, aventajado tiva, su propio autorretrato, que voz que preguntaba al teléfono por
alumno del Dr. D. Gregorio Mara- guarda desde entonces, y en cuyo un tal José María Anglada; y ella
ñón, a quien le debe realmente que rostro refl eja el dolor padecido por respondió de inmediato: “No. Soy
esté viva; porque supo liberarla de la muerte de su hermano y cuñada. una mujer, y me llamo María José”.
aquel profundo bache; tenía mie- Había obtenido el primer premio.
dos y terribles pesadillas; durante Seguidamente, María José, libera-
más de un año estuvo encerraba da de los temores y pesadillas vivi- Aquel primer galardón le dio áni-
en casa sin querer hablar ni ver a das, con el caballete a cuestas y los mos para seguir trabajando; siguió
nadie. pinceles y espátulas a punto, se lan- pintando sin cesar; sin embargo,
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