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NÚMERO 274 / 2009
| OPINIÓN
SER Y
er y tener son dos conceptos muy diferentes aunque con frecuen-
S cia se unifi quen en una sola persona, en el ser humano.
TENER Parece que el que no tiene no existe, y cuanto más posees más existes,
con más consistencia a los ojos de los demás.
Antes de la crisis económica, mucho antes, entraron en crisis todos los
demás valores. Durante décadas la fascinación por el tener más y más
borró del mapa los valores del ser, la primacía dada a la persona. Yo re-
cuerdo en mi infancia lo que se valoraban a los sabios, a los científi cos,
a los médicos, a los poetas, a los catedráticos, en fi n a la gente con ca-
rrera, hoy en los medios de comunicación apenas ocupan una línea, un
minuto de pantalla, se estila el pelotazo, el negocio rápido, desplazar a
los demás y apoderarse de todo, lo más rápidamente posible, en lugar
de los sabios, los científi cos, los catedráticos, los fi lósofos, los profesores
Germán Ubillos Orsolich, o artistas ocupan su lugar los políticos, los personajes de las revistas
Escritor y Periodista del corazón cuyo único mérito es con frecuencia la inmoralidad, los
banqueros, los futbolistas, los periodistas, en fi n todos los que detentan
el poder que relaciona muy íntimamente con el tener con el mundo de
las cosas, de los bienes materiales.
Como vemos, la crisis viene de muy atrás, de la crisis de valores, de
la que se empezaba ya a hablar durante los años sesenta y setenta del
pasado siglo XX.
El tener ha desplazado al ser, el problema ya no es “ser o no ser”, ahora
es tener o no tener, si no tienes no existes.
El verdadero cambio que necesita el mundo es volver a colocar el ser en
su lugar, el ser humano en su sitio, pero el ser global, el ser humano de
todos y cada uno de los continentes y de los países. Mientras eso no se
consiga la humanidad no habrá progresado realmente, no habrá subido
ese escalón imprescindible para que reine la paz y no la incertidumbre y
la injusticia que como hemos visto recientemente ha llegado a lo hondo
del corazón de todos los hombres y mujeres de la tierra. Es como si los
clarines del juicio fi nal nos pillará a todos sucios, enfermos y adormila-
dos. O despierta la Humanidad o los clarines volverán a sonar cuando
ya sea demasiado tarde para muchos.
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