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lunes, 21 noviembre 2022 10:45
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La soledad no necesita apellido, pero sí una compañera: solitud
Categorías: Ciudades y Comunidades amigables con las Personas Mayores , Artículos , Trabajo, Servicios Sociales y de Salud
Autor: Agustín Martínez Molina Coordinador de Estudios, Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso) En este texto defiendo una propuesta terminológica. Aunque me dirijo al público en general, lo hago especialmente a profesionales. No cuestiono a quienes hoy dicen “soledad no deseada”. Su intención es legítima y su labor, valiosa. Solo sostengo que hay una forma más precisa y coherente de nombrar esta característica humana. Soledad: situación y emoción Es normal, y hasta diría que deseable, que en el lenguaje coloquial usemos palabras de forma no técnica. En psicología abundan los ejemplos de términos cuya definición operativa se aparta del uso corriente: personalidad, inteligencia, aleatorio, ansiedad, estrés, sesgo, significativo, refuerzo o memoria, entre otros. La soledad es un caso paradigmático de esa polisemia. Bajo una misma palabra conviven dos referentes que conviene mantener separados. La situación de estar solo: sin compañía. Y el sentimiento de soledad: el malestar de quien echa en falta los vínculos que desea. Esta segunda, la emocional, es la que importa a la salud pública. Conviene subrayar que el propio diccionario recoge ya esa carga negativa: la Real Academia define la soledad, en su sentido afectivo, como «pesar y melancolía» (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2024). Como emoción, pues, «soledad» es negativa por definición, un dato al que volveremos más adelante. La soledad comienza con experiencias de desconexión social (p. ej., aislamiento o abandono). La primera reacción es inmediata, casi corporal: un dolor que se siente antes de pensarlo, ante lo que se vive como pérdida o exclusión. Solo más tarde llega la reflexión. Al volver una y otra vez sobre esas circunstancias, la persona concluye que sus relaciones no le bastan, y de esa carencia percibida nace el sentimiento persistente que llamamos soledad. La psicología lo definió como una discrepancia dolorosa entre el vínculo deseado y el que se tiene (Perlman y Peplau, 1981), aunque conviene añadir un matiz: esa evaluación no abre el proceso, sino que corona una herida más temprana, sentida antes de ser pensada. Cuando esa carencia se enquista, el sentimiento deja de ser pasajero y se instala, hasta volverse una forma habitual de estar en el mundo, y desemboca en una insatisfacción duradera con la propia vida social. Entender la soledad como proceso, y no como atributo fijo de una persona, ordena la intervención: abre ventanas para actuar en las fases tempranas, antes de que el malestar se consolide. La distinción no es menor. Estar solo no es sentirse solo. Y puedes sentirte solo acompañado. Nombrar bien es, ante todo, no mezclar la situación con la emoción. Cuando medimos soledad… Dos son las escalas más utilizadas para evaluar soledad internacionalmente. La DJGLS (de Jong-Gierveld y Kamphuis, 1985), y la UCLA (Russell et al., 1978). Como se puede ver en la tabla, las versiones más reducidas de estas escalas, i.e., la UCLA de 3 ítems (Hughes et al., 2004), y la DJGLS de 6 ítems (Kenny et al., 2023), muestran similitudes de contenido. Estas similitudes se centran en la evaluación del componente de aislamiento social de la soledad. La diferencia fundamental entre ambas escalas está en los ítems que evalúan “apoyo social” en la DJGLS. Que este contenido sea o no soledad, es otra historia. Escalas adaptadas al español DJGLS-6 y UCLA-3 DJGLS-6 UCLA-TIL-3 # Faceta Contenido # Faceta Contenido 2 Emocional Echo de menos la compañía de otras personas 2 Aislamiento Siento que me falta compañía 10 Emocional Me siento abandonado/a a menudo 11 Aislamiento Me siento excluido/a 3 Emocional Siento una sensación de vacío a mi alrededor 14 Aislamiento Me siento aislado/a 4 Social Hay suficientes personas a las que puedo recurrir en caso de necesidad 7 Social Tengo mucha gente en la que confiar completamente 8 Social Hay suficientes personas con las que tengo una amistad muy estrecha Nota. Faceta: componente teórico de soledad en esa escala. En recientes metaanálisis, se observa un mayor uso de las versiones de la UCLA-3, (Ernst et al., 2022; Fu et al., 2022; Hickin et al., 2021; Hoang et al., 2022; Shekelle et al., 2024; Yu et al., 2023). En estos estudios se muestra cómo diferentes versiones de ambas escalas se han utilizado indistintamente para evaluar la soledad en personas mayores tras una intervención. Comparando, en versiones españolas, la calidad de la medida entre ambas escalas, en términos de validez y fiabilidad, es la UCLA la que muestra una estructura más coherente (i.e., unidimensional), mayor precisión (i.e., mayor fiabilidad) y mayor validez predictiva (Pedroso-Chaparros et al., 2022; Trucharte et al., 2023). Además, todos sus ítems están redactados de forma más sencilla (i.e., no hay ítems inversos y son más breves que la DJGLS). En este sentido, es preferible la UCLA-3. Tampoco conviene descartar la medida más sencilla: el cribado con un solo ítem. Basta una pregunta directa, del tipo «¿con qué frecuencia se ha sentido solo o sola en la última semana?», para obtener una estimación útil. La investigación reciente la avala: distintos trabajos de validación muestran que una única pregunta ofrece propiedades psicométricas aceptables y una convergencia alta con las escalas de tres ítems (Mund et al., 2023; Reinwarth et al., 2023), y que esa correspondencia se mantiene incluso al medir la soledad momentánea en la vida cotidiana (Halvorson y Kuczynski, 2024). Su brevedad la hace especialmente valiosa en encuestas de gran escala y con personas mayores o con deterioro cognitivo, para quienes cumplimentar un cuestionario largo resulta gravoso. No sustituye a las escalas cuando se busca matiz, pero es una herramienta concisa y defendible cuando la economía de la medida es prioritaria (Chamberlain et al., 2026). El marco actual y sus críticas En español, y sobre todo en España, se ha venido extendiendo la etiqueta «no deseada» a la soledad. Bajo ese rótulo trabajan observatorios, encuestas y estudios de coste social (Casal et al., 2023; Jiménez Rodríguez, 2024). Conviene evaluar esta situación. El término abunda en lo institucional, lo mediático y lo divulgativo. No así en la investigación psicológica y sociológica sobre la soledad, donde la voz de referencia sigue siendo «soledad» a secas. Aparece en algunas revistas españolas con revisión por pares, cierto. Pero no es así en la literatura científica internacional. La fuerza del uso de esta etiqueta viene de los planes públicos y las campañas. No de un consenso técnico asentado. Hay, además, una crítica de fondo. Varios autores rechazan su marco «epidémico». Presentar la soledad como epidemia descansa en mediciones débiles. Falta evidencia de un aumento histórico claro. Corremos el riesgo de patologizar una experiencia vital corriente (Sánchez Moreno y Fouce Fernández, 2024). Con esta objeción no niego el problema. Cuestiono la retórica. Un apunte para el profesional. La evidencia sí documenta un estigma en el sentirse solo: vergüenza, ocultación, menos disposición a pedir ayuda (Barreto et al., 2022). Pero ese estigma pesa sobre la experiencia, no sobre su nombre. Nada prueba que «no deseada» lo agrave o lo alivie. Conviene, pues, no atribuir a la coletilla efectos que nadie ha apoyado. Una coletilla redundante En inglés encontramos dos palabras para dos realidades. Solitude, del latín solitūdo, es la soledad buscada, la que repara. Loneliness es la soledad que duele. El castellano no ha marcado esa frontera. Una sola palabra, «soledad», parece cargar con ambos sentidos. De ahí la tentación de añadirle un adjetivo. Pero, como vimos, el matiz ya está resuelto en el propio diccionario: en su sentido afectivo, «soledad» es de suyo «pesar y melancolía». Si la palabra desnuda ya duele, «no deseada» no informa. Repite. Es un pleonasmo de esos que Lázaro Carreter reprobaba cuando un giro tomado de otra lengua no enriquece y solo la alarga (Lázaro Carreter, 1997). Cabe una objeción. La soledad también puede buscarse; sin la coletilla, podría haber confusión. Es un punto justo, y explica el invento. Pero la salida no es cargar de adjetivos lo que duele. Es nombrar adecuadamente lo que se elige. Y para eso el español tiene palabra propia. La propuesta: recuperar «solitud» «Solitud» existe. Viene del latín solitūdo, la raíz de solitude. El diccionario la recoge, aunque como voz en desuso. Recuperarla ordena el campo. «Solitud» para la soledad elegida: el retiro, el tiempo a solas que nutre. «Soledad» para la que se padece. Con ese reparto, «no deseada» sobra. La soledad, sin más, ya es la que duele. La solitud es la que se busca. No es un anglicismo. Tampoco un invento. Es una palabra castellana de raíz latina, hoy dormida. Puede despertar con una función clara. Frente a la perífrasis importada, recuperar un término propio es lo más económico. Y lo más fiel al idioma. Conviene, eso sí, precisar el alcance del modelo. El desdoblamiento léxico entre lo buscado y lo sufrido es propio del inglés, que opone solitude a loneliness. Las demás lenguas romances no lo hacen: heredaron solitūdo como término único, que carga con ambos sentidos igual que nuestra «soledad». Así ocurre con el italiano solitudine, el francés solitude, el portugués solidão o el catalán solitud. La distinción que aquí se propone no imita, pues, a ninguna otra lengua romance; introduce en español un matiz que solo el inglés lexicaliza. Pero lo hace con material propio: no toma prestada una voz ajena, sino que especializa un término latino que el castellano ya poseía. Esa es la diferencia entre calcar y recuperar. Lo que dice el uso internacional Un dato lo apoya. «Unwanted loneliness» apenas aparece en la literatura internacional. Y cuando aparece, casi siempre es obra de autores españoles que traducen «soledad no deseada». La literatura académica, la más extensa y citada, usa loneliness a secas. Le basta: el término ya es aversivo. Y reserva solitude para el estado elegido. En resumen: fuera del español, nadie añade «no deseada», porque la palabra base ya lo dice. El castellano puede lograr esa precisión. Sin coletillas. Solo con recuperar «solitud». Por qué esto importa Para quien investiga o interviene, la precisión no es adorno. Separar la soledad de la solitud evita tratar como uno dos fenómenos opuestos en salud. Para el público, un lenguaje claro alivia. Ayuda a hablar del propio estado sin recibir una etiqueta. «Soledad» para lo que duele. «Solitud» para lo que se elige. Es un paso pequeño. Pero real. Sirve para entender el fenómeno, y para ayudar mejor a quien lo vive. Referencias Barreto, M., van Breen, J., Victor, C., Hammond, C., Eccles, A., Richins, M. T., y Qualter, P. (2022). Exploring the nature and variation of the stigma associated with loneliness. Journal of Social and Personal Relationships, 39(9), 2658–2679. https://doi.org/10.1177/02654075221087190 Casal, B., Rivera, B., y Rodríguez, E. (2023). El coste de la soledad no deseada en España. Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada. https://www.soledades.es Chamberlain, S. A., Griffith, L. E., Savage, R. D., Batara, J., Yan, W., y Gruneir, A. (2026). Single-item versus scale: Comparing respondent demographic, social, and health characteristics by measure of loneliness using the Canadian Longitudinal Study on Aging (CLSA) data. PLOS ONE, 21(2), e0341572. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0341572 de Jong-Gierveld, J., y Kamphuis, F. (1985). The development of a Rasch-type loneliness scale. Applied Psychological Measurement, 9(3), 289-299. https://doi.org/10.1177/014662168500900307 Halvorson, M. A., y Kuczynski, A. M. (2024). Measuring loneliness in everyday life. Translational Issues in Psychological Science, 10(3), 331–345. https://doi.org/10.1037/tps0000438 Hickin, N., Käll, A., Shafran, R., Sutcliffe, S., Manzotti, G., y Langan, D. (2021). The effectiveness of psychological interventions for loneliness: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 88, 102066. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2021.102066 Hughes, M. E., Waite, L. J., Hawkley, L. C., y Cacioppo, J. T. (2004). A short scale for measuring loneliness in large surveys: Results from two population-based studies. Research on Aging, 26(6), 655–672. https://doi.org/10.1177/0164027504268574 Jiménez Rodríguez, J. M. (2024). La soledad no deseada en España: un problema para la gestión de la Salud Pública y los cuidados familiares. Revista Española de Salud Pública, 98, e202403025. Kenny, L., Cook, L., Jones, C. R. G., y Brady, J. (2023). Factor structure of the shortened six-item version of the de Jong Gierveld Loneliness Scale (DJGLS-6): A systematic review and testing factor models in a nationally representative sample. European Journal of Mental Health, 18, e0001. https://doi.org/10.5708/EJMH.18.2023.0001 Lázaro Carreter, F. (1997). El dardo en la palabra. Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Mund, M., Maes, M., Drewke, P. M., Gutzeit, A., Jaki, I., y Qualter, P. (2023). Would the real loneliness please stand up? The validity of loneliness scores and the reliability of single-item scores. Assessment, 30(4), 1226–1248. https://doi.org/10.1177/10731911221077227 Pedroso-Chaparro, M. del S., Márquez-González, M., Fernandes-Pires, J. A., Gallego-Alberto, L., Jiménez-Gonzalo, L., Nuevo, R., y Losada, A. (2022). Validation of the Spanish version of the Three-Item Loneliness Scale. Studies in Psychology, 43(2), 311–331. https://doi.org/10.1080/02109395.2021.1989889 Perlman, D., & Peplau, L. A. (1981). Toward a social psychology of loneliness. En R. Gilmour y S. Duck (Eds.), Personal relationships in disorder (pp. 31–56). Academic Press. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2024). Soledad. En Diccionario de la lengua española. Recuperado el 14 de agosto de 2026, de https://dle.rae.es/soledad Reinwarth, A. C., Ernst, M., Krakau, L., Brähler, E., y Beutel, M. E. (2023). Screening for loneliness in representative population samples: Validation of a single-item measure. PLOS ONE, 18(3), e0279701. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0279701 Russell, D., Peplau, L. A., y Ferguson, M. L. (1978). Developing a measure of loneliness. Journal of Personality Assessment, 42(3), 290–294. https://doi.org/10.1207/s15327752jpa4203_11 Sánchez Moreno, E., y Fouce Fernández, J. G. (2024). Soledad no deseada. Los Libros de la Catarata. Trucharte, A., Calderón, L., Cerezo, E., Contreras, A., Peinado, V., y Valiente, C. (2023). Three-item loneliness scale: Psychometric properties and normative data of the Spanish version. Current Psychology, 42(9), 7466–7474. https://doi.org/10.1007/s12144-021-02110-x
martes, 20 octubre 2026 13:59
Comidas en Compañía: cómo Vallirana combate la soledad entre sus mayores desde la mesa
Categorías: Ciudades y Comunidades amigables con las Personas Mayores , Artículos , Red de Ciudades Amigables , Trabajo, Servicios Sociales y de Salud
Etiquetas: buenas prácticas , soledad
Vallirana es un municipio de unos 16.000 habitantes del Baix Llobregat (Barcelona) y miembro de la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables de la OMS. En 2026 ha puesto en marcha el proyecto piloto «Comidas en Compañía» (Àpats en Companyia), una iniciativa que propone algo aparentemente sencillo: que las personas mayores que se sienten solas compartan una comida semanal en grupos reducidos, en restaurantes del propio municipio. Una propuesta de bajo coste, alto impacto humano y fácil replicabilidad que Vallirana presentó en el 3er Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables, celebrado en Donostia / San Sebastián en junio de 2026. El reto: la soledad como problema de salud pública La soledad entre las personas mayores es uno de los grandes retos del envejecimiento en las sociedades contemporáneas. La evidencia científica la equipara en impacto sobre la salud al tabaquismo, y afecta de forma especialmente intensa a quienes viven solos, han perdido su red de vínculos o encuentran barreras para participar en la vida comunitaria. En municipios como Vallirana, con una estructura urbana dispersa en más de veinte barrios y urbanizaciones, este fenómeno puede agravarse por las dificultades de movilidad y la menor densidad de relaciones vecinales espontáneas. El proyecto se enmarca, en dos documentos estratégicos del municipio y la comarca: el Pla per l'Envelliment Actiu i Saludable de les Persones Grans de Vallirana y el Pla Estratègic per a les Persones Grans del Baix Llobregat, lo que garantiza su coherencia con una visión territorial de largo alcance. La acción: comer juntos como acto comunitario El proyecto nació de un acuerdo político explícito recogido en los presupuestos municipales de 2025, lo que le otorgó desde el principio visibilidad y compromiso institucional. La inspiración llegó de experiencias de municipios vecinos que ya llevaban tiempo realizando comidas en restaurantes locales con resultados positivos. El formato es sencillo: un día a la semana, durante 10 semanas consecutivas, grupos de alrededor de 8 personas comparten una comida en un restaurante del municipio. Para ampliar el alcance y no concentrar toda la actividad en un único espacio, se pusieron en marcha dos grupos simultáneos en dos restaurantes distintos, lo que permite atender hasta 16 personas. Cada grupo está acompañado por una persona voluntaria de la Cruz Roja, cuyo papel es el de promover el diálogo y el vínculo entre las personas asistentes y detectar otras necesidades que puedan surgir para, si es necesario, derivar a los servicios correspondientes. Esta figura actúa como puente de confianza y es clave para que personas con resistencias iniciales a incorporarse a un grupo nuevo den el paso. Los objetivos del proyecto son múltiples y complementarios: proporcionar un espacio para la interacción y el bienestar físico, mental y social; motivar la creación de redes de apoyo mutuo; promover el envejecimiento activo y la participación social; colaborar con la restauración local como agente de detección de vulnerabilidad; y fomentar hábitos de alimentación saludable. Para participar, las personas interesadas deben cumplir los siguientes criterios de acceso: Tener 70 años o más y estar empadronadas en Vallirana. Ser autónomas y tener las capacidades cognitivas adecuadas para mantener relaciones sociales. Responder la encuesta ESTE II —un instrumento de valoración de la soledad ampliamente utilizado en el ámbito sociosanitario— y obtener más de 11 puntos (nivel medio de soledad). Aceptar las condiciones de las bases reguladoras. Las plazas son limitadas y se priorizan según la puntuación ESTE II. En caso de empate, tienen preferencia las personas de mayor edad y, si persiste, quienes viven solas o acompañadas únicamente por otras personas mayores. Las inscripciones se gestionan a través de la Oficina de Atención Ciudadana, y el municipio ha hecho difusión a través de entidades locales, asociaciones y profesionales del ámbito sanitario y social. Resultados: pequeñas acciones que generan grandes cambios El plan piloto de 2026 se ha desarrollado a lo largo de la primavera, con dos grupos funcionando simultáneamente en restaurantes del municipio. Al finalizar cada edición, se realiza una evaluación para medir el impacto y mejorar las próximas ediciones. Se recibieron 24 solicitudes para las 16 plazas disponibles. Se sirvieron un total de 159 comidas con una asistencia media del 90-96%; las encuestas (87% de respuesta) reflejan una valoración muy positiva del proyecto y tanto participantes como la persona voluntaria de Cruz Roja destacan la creación de nuevos vínculos, la reducción de la soledad y la mejora de la alimentación, además de detectarse algún caso de vulnerabilidad a seguir de cerca. Entre las propuestas de mejora se plantea reforzar la difusión del proyecto en urbanizaciones, revisar el empadronamiento y la edad en el momento de realizar la solicitud de inscripción y hacer entrevistas previas con servicios sociales para valorar mejor el sentimiento de soledad y detectar posibles casos de vulnerabilidad. Más allá de los indicadores cuantitativos, el valor del proyecto reside en lo que ocurre alrededor de la mesa: el reencuentro con personas que apenas se conocían, la regularidad de un compromiso semanal que estructura la semana, la sensación de ser esperado y de pertenecer a algo. Los participantes describen el proyecto no solo como una comida, sino como un punto de referencia en su vida cotidiana. La iniciativa fue presentada en el 3er Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables, celebrado en Donostia / San Sebastián del 16 al 18 de junio de 2026. Aprendizajes transferibles: lo que otros municipios pueden adoptar La experiencia de Vallirana ofrece elementos concretos para municipios que quieran abordar la soledad entre sus mayores con recursos limitados: Lo simple funciona. No hace falta una infraestructura compleja. Dos grupos de 8 personas, un restaurante, una persona voluntaria y una comida a la semana: la propuesta es replicable en prácticamente cualquier municipio con tejido comercial local. Anclar el proyecto en acuerdos políticos. El hecho de que el proyecto surgiera de un pacto presupuestario explícito le otorga estabilidad y visibilidad, y facilita su evaluación y eventual consolidación como servicio permanente. Implicar el tejido local. Usar restaurantes del propio municipio dinamiza el comercio local y ancla el proyecto en el ecosistema comunitario. Aunque también se puede replicar en espacios comunitarios. El voluntariado. La figura de la persona voluntaria de Cruz Roja no es un complemento: es parte del diseño del proyecto. Su presencia convierte una comida en un espacio de cuidado activo y detección temprana. Escalar con cautela. El formato de grupos pequeños (8 personas) no es una limitación, sino una elección: permite construir vínculos reales, mantener un ambiente cálido y seguro, y garantizar que nadie quede al margen de la conversación. Vallirana demuestra que los municipios pequeños y medianos tienen un papel activo en la construcción de comunidades amigables con el envejecimiento. «Comidas en Compañía» es, en este sentido, mucho más que un servicio: es una declaración sobre el tipo de municipio que Vallirana quiere ser. Y una invitación a que otros lo sean también.
martes, 20 octubre 2026 13:58
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jueves, 17 noviembre 2022 13:10
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