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                                        Opinión






                                        RODRIGO RUBIO / ESCRITOR



              Agresiones colaterales                                                cho y le atacó con ferocidad el artritismo; que en
                                                                                       Me dijo que lo pasó mal cuando era mucha-
                                                                                    muchos momentos se sintió hundido, sin ganas
                                                       e lo encuentro muchas        de vivir, tantos dolores, tanta impotencia.
                                                       mañanas en la cafetería.        Pero luego se sobrepuso, y siguió estudian-
                                                       Durante algunos días del     do, y pudo trabajar, y hasta casarse y crear
                                                       último verano hemos com-     familia. Mas las cosas, en cuanto a golpes,
                                                       partido mesa en la terraza, él  siguieron. Y él me dice que han sido agresiones
                                                       tomándose su descafeinado,   colaterales; que esas agresiones, venidas de un
                                        Myo mi gintonic. Se llama                   mundo que desconoce, o de un mundo lejano
                                        Andrés Muñoz Leira y ya ha cumplido los     que no está con él, lo han ido machacando; lo
                                        setenta años. Es un vecino, también un amigo,  han llevado a renunciar hasta de las cosas
                                        y asimismo colega en el asunto de las privacio-  mínimas, como poder rascarse un pie si le
                                        nes y sufrimientos.                         pica, o coger algo del suelo si se le ha caído,
                                          A la cafetería, como para darse un paseo por  aparte de esas otras cosas, más esenciales,
                                        la colonia del Retiro (con viejos chaletitos), lo  como es el poder andar, subir en bicicleta,
                                        baja su mujer, empujando un carrito con ruedas,  hacer cualquier clase de deporte. Las agresio-
                                        pues Andrés lleva más de cuarenta años sin  nes colaterales, según me dice, fueron llegan-
                                        poder andar, en esa silla de ruedas. Antes, otros  do paulatinamente, dejándole cada vez más
                                        pocos años, ya se movió apoyándose en unas  quieto, más persona que hace bulto, y que
                                        muletas. Las enfermedades artríticas y circula-  incluso puede estorbar en una casa.
                                        torias lo machacaron desde que era un mucha-   Pudo conducir un coche adaptado a sus con-
                                        cho. Sabe, desde hace mucho tiempo, lo que es  diciones físicas; luego, años adelante, un coche
                                        el dolor, y las privaciones de tantas y tantas  automático, más moderno. Y viajaba por las
                                        cosas que, aun siendo pequeñas, ayudan a vivir.  carreteras, ciudades y pueblos de España. No le
                                          Yo hablo con frecuencia con Andrés Muñoz  importaba ser diferente respecto a los otros: él,
                                        Leira. Me gusta conversar con él. Es un hombre  de alguna manera, también era útil y le sacaba
                                        sereno, equilibrado, que rara vez se queja de sus  algún jugo a la vida.
                                        males. Es un hombre que aún lee bastante, que  Pero, me cuenta, que las agresiones conti-
                                        apenas ve la televisión; que le gusta escuchar  nuaron, que todo, respecto a su estado físico y
                                        música clásica en la radio, sobre todo la barroca.  psicológico, se le complicaba. Y era, además del
                                          Vísperas ya del verano, en la alta primavera,  dolor permanente en las articulaciones, proble-
                                        cuando en la terraza de la cafetería se estaba  mas en el riego sanquíneo, y en el aparato diges-
                                        muy bien, Andrés hablaría mucho conmigo, con-  tivo. Y así su vida, cuando aún podría haber sido
                                        tándome diversidad de cosas. Me dijo, por ejem-  un hombre fuerte, entró en un declive terrible. “
                                        plo, que hacía muchos años que se apartó de la  Y ya nada sería igual para mí, limitándome a una
                                        iglesia católica, y que no se ha metido en otras.  quietud con la que yo, intentaba ir un poco más
                                        Le parece, dijo, que en ninguna parte existe la  lejos en mi vida interior, único punto donde se
                                        espiritualidad, sino más bien la rutina, el fana-  encuentra la serenidad, y tal vez la caricia de
                                        tismo y una actitud excluyente respecto a otras  algún dios que no será, me parece, el “Todopo-
                                        personas. Me dijo aquel día que en muchos   deroso”, me dijo un día, y yo le estreché la mano
                                        momentos es casi feliz, tomándose una copita,  con emoción, invitándole a que, después del
                                        escuchando buena música y viendo, por ejem-  café, se tomara una copita. Y él aceptó, mien-
                                        plo, las estrellas en una noche de verano.  tras sus ojos se humedecían.



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