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Entrevista con María Oquendo: una voz clave de la APA para el futuro del DSM

18 - 05 - 2026

Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U.

La American Psychiatric Association (APA) ha abierto un debate de gran alcance sobre el futuro del DSM, el manual de referencia más influyente en la clasificación de los trastornos mentales. La hoja de ruta presentada por el Future DSM Strategic Committee apunta a una posible evolución hacia un modelo más dinámico, más atento a las dimensiones transdiagnósticas, al funcionamiento, a la calidad de vida y a los determinantes sociales, culturales y ambientales de la salud mental.

Ese movimiento no implica solo una actualización técnica del manual, sino una reconsideración de algunos de los supuestos que han organizado la nosología psiquiátrica durante décadas. Entre los ejes de debate figuran la necesidad de superar parcialmente una lógica excesivamente categorial, la incorporación progresiva de biomarcadores y factores biológicos, la atención a la heterogeneidad clínica y la voluntad de evitar que los diagnósticos sigan tratándose como entidades rígidas y cerradas.

La propuesta también tiene implicaciones especialmente relevantes para la práctica comunitaria y la rehabilitación psicosocial. Si el DSM quiere ser más útil para la clínica real, no basta con describir mejor los síntomas: necesita dialogar con problemas como el solapamiento entre diagnósticos, el deterioro funcional, la calidad de vida, el contexto social y la complejidad de trayectorias que rara vez encajan limpiamente en categorías discretas.

Quién es María Oquendo

Dra. María Oquendo

En este contexto, conversar con la Dra. María A. Oquendo tiene un interés singular. María A. Oquendo, M.D., Ph.D., es Ruth Meltzer Professor, directora del Departamento de Psiquiatría de la University of Pennsylvania y Psychiatrist-in-Chief del sistema de salud de la misma universidad. En 2017 fue elegida miembro de la National Academy of Medicine, uno de los mayores reconocimientos en el ámbito de la medicina.

Su trayectoria investigadora abarca desde la neurobiología y la psicofarmacología hasta la salud mental global. Ha desarrollado una carrera científica muy destacada en el estudio de los trastornos del estado de ánimo, la conducta suicida y sus bases neurobiológicas, y cuenta con más de 500 publicaciones científicas según la nota biográfica remitida por su equipo.

La Dra. Oquendo dirige además el Inspire Center for Suicide Prevention, financiado por el National Institute of Mental Health, y ha ocupado puestos de liderazgo de primer nivel en la psiquiatría internacional. Ha sido presidenta de la American Psychiatric Association, de la International Academy of Suicide Research y del American College of Neuropsychopharmacology, además de presidir el consejo de administración de la American Foundation for Suicide Prevention y formar parte del Advisory Council del National Institute of Mental Health.

En mayo de 2024, la APA la nombró presidenta del Future DSM Strategic Committee, el grupo encargado de pensar la evolución futura del manual diagnóstico. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos reconocimientos en Estados Unidos, Europa y Sudamérica, entre ellos el Judd Marmor Award de la APA en 2024 y el Leadership Award de la American Association of Chairs of Departments of Psychiatry en 2026, según la información facilitada por su equipo.

Desde el Blog del Creap de Valencia, planteamos esta entrevista con un objetivo muy concreto: explorar hasta qué punto la reforma del DSM puede traducirse en una utilidad real para la práctica clínica, la salud mental comunitaria y los procesos de recuperación.

Entrevista

En trabajos anteriores, usted ha defendido la conveniencia de dar mayor visibilidad diagnóstica a la conducta suicida; visto ahora su papel al frente de la reflexión sobre el futuro del DSM, ¿qué le ha enseñado esa experiencia sobre los límites de organizar la clínica solo en torno a trastornos cerrados y no también en torno a procesos o riesgos transversales?

En esta próxima versión del DSM, hemos incluido en el modelo diagnóstico un renglón dedicado a los síntomas transdiagnósticos o transversales. Eso ayudará a explicar el solapamiento entre diagnósticos, facilitará un enfoque en ellos en la investigación y quizá prevendrá la reificación de los diagnósticos tal y como los definimos hoy día.

En distintas intervenciones recientes ha planteado que un enfoque más dimensional podría mejorar la atención al paciente; desde esa perspectiva, ¿qué ganaría realmente un profesional que trabaja en rehabilitación psicosocial y seguimiento comunitario, más allá de disponer de un lenguaje diagnóstico teóricamente más sofisticado?

Ver respuesta anterior. En cuanto al solapamiento, el o la profesional no se verá forzado/a a hacer diagnósticos adicionales al detectar síntomas fuera del diagnóstico principal. En cuanto a la reificación, verá los diagnósticos como una aproximación, con fronteras difusas —en el caso de síntomas transversales en el contexto de dos o más diagnósticos que los comparten— y no como algo concreto e inmutable.

A la luz del peso que la nueva hoja de ruta concede al funcionamiento, la calidad de vida y las dimensiones transdiagnósticas, ¿qué tipo de información considera hoy más decisiva para construir una formulación clínica útil: la categoría diagnóstica, el nivel de funcionamiento, la calidad de vida, los factores sociales o los rasgos transdiagnósticos?

La idea es que todos son importantes para poder apreciar la situación del paciente de una manera más holística.

Los documentos del comité proponen avanzar al mismo tiempo hacia una psiquiatría más informada por biomarcadores y hacia una evaluación más sensible a los determinantes socioeconómicos, culturales y ambientales; ¿cómo evitar que esa integración acabe siendo asimétrica y que lo biológico termine teniendo, en la práctica, más peso que el contexto vivido por la persona?

Si llegara a ser así, eso dependería de la cultura en la psiquiatría. El modelo no da más peso a uno que a otro.

Si el objetivo final es que el DSM evolucione hacia un instrumento más dinámico, dimensional y clínicamente útil, ¿qué le haría pensar, dentro de diez años, que esa reforma ha sido realmente un éxito: mejores decisiones clínicas, menos pacientes subumbrales sin atención, más prevención, mayor precisión biológica o una mejor conexión con la realidad social y funcional del paciente?

Si el DSM se actualiza por lo menos una vez al año, sería un éxito. No creo que impacte el problema del paciente subumbral, quien hoy se puede diagnosticar usando los diagnósticos o clasificados en otra parte (“not elsewhere classified”, [NEC]), ni a la prevención necesariamente. Sí esperamos ver mejor cuidado clínico —por ejemplo, prescribiendo servicios sociales para problemas de funcionamiento o sociales—, mayor precisión biológica y mejor inclusión de la realidad social y funcional en el razonamiento clínico.

Una lectura desde la rehabilitación psicosocial

Las respuestas de Maria A. Oquendo apuntan a una idea central: la futura evolución del DSM no se jugará solo en el terreno de añadir nuevas categorías o refinar etiquetas, sino en su capacidad para incorporar síntomas transdiagnósticos, reducir la rigidez con la que se entienden hoy los diagnósticos y ampliar el razonamiento clínico hacia una lectura más holística de la situación de cada paciente. Desde la perspectiva de la rehabilitación psicosocial, el interés de esta propuesta reside precisamente en ese desplazamiento: pasar de una clasificación entendida como fin en sí mismo a una herramienta que ayude a pensar mejor el solapamiento clínico, el funcionamiento, la realidad social y las necesidades concretas de apoyo y cuidado.

Tuesday, 19 May 2026 09:58

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