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El papel de la lectura como factor protector de la demencia

07 - 05 - 2025

Categorías: Divulgación

Andrea Catalán Lanzarote | Psicogerontóloga

“Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura” expresó Mario Vargas Llosa en su Discurso Nobel del año 2010.

Esa vida de mentiras, más allá del placer intrínseco que lo acompaña, puede tener un beneficio inesperado: un efecto sobre el deterioro cognitivo asociado a la demencia.

Durante 14 años, un equipo de investigadores (Chang et al. 2020) llevaron a cabo un estudio longitudinal (Taiwan Longitudinal Study on Aging) el cual observó cómo aquellas personas que presentaban un hábito lector fueron quienes presentaron menos probabilidades de desarrollar deterioro cognitivo, en comparación con aquellas personas que leían menos.

En efecto, leer todos los días -o casi todos los días- se relacionó con un menor riesgo de desarrollar demencia. Y lo más sorprendente es que los beneficios de la lectura se encontraron independientemente del nivel educativo. Tras 14 años de estudio, se pudo observar cómo la lectura es un factor protector que benefició a todos los sujetos que tenían un hábito lector, incluso en aquellos que tenían un nivel educativo bajo o que no recibieron educación formal.

Estos resultados nos invitan a considerar la lectura como un factor de reserva cognitiva.

La reserva cognitiva es un mecanismo protector que retrasa los primeros síntomas del deterioro asociado a la demencia. Esto consigue que la persona no experimente deterioro cognitivo hasta que la patología se encuentra en una etapa más avanzada.

Uno de los factores relacionados con la reserva cognitiva es el nivel educativo. En general, se ha encontrado que un menor nivel educativo se relaciona con una mayor incidencia y prevalencia de demencia. Sin embargo, teniendo en cuenta que el nivel educativo se logra en la primera etapa de la vida de una persona, estudios como el de Chan et al. (2020) son necesarios para conocer factores que se relacionan con una mayor reserva cognitiva y que se pueden fomentar a lo largo de todo el ciclo vital de la persona.

Otros factores que fomentan la reserva cognitiva son los logros profesionales, la inteligencia premórbida y participar en actividades mentalmente estimulantes. Otras actividades como coser, caminar, ir a clases, hacer ejercicio o hacer voluntariado se han relacionado con un menor riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer.

En definitiva, la lectura resulta ser una actividad beneficiosa en todos los aspectos, y es una manera sencilla y placentera de fomentar la reserva cognitiva.

Referencias:

Chan, C. K. (2021). Can reading increase cognitive reserve? International Psychogeriatrics, 33(1), 15–17. https://doi.org/10.1017/S1041610220001246

Wednesday, 07 May 2025 08:02

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