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viernes, 18 noviembre 2022 11:09

Rehabilitación psicosocial: Diálogos entre frente y retaguardia (II)
18 - 06 - 2025

Rehabilitación psicosocial: Diálogos entre frente y retaguardia (II)

REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autores: Alfonso Barrós-Loscertales. Dpto. Psicología Básica, Clínica y Psicobiología. Universitat Jaume I. Sergio Benabarre Ciria. Psicólogo de Arcadia, Fundación Agustín Serrate. Profesor asociado Universidad de Zaragoza. Introducción A continuación, se transcribe una conversación entre un profesional de la rehabilitación psicosocial y un académico. Lo hemos dado en llamar «Diálogos entre Frente y Retaguardia» en un intento en trasladar y comprender la importancia del «dato» y sus dimensiones en el ámbito de la rehabilitación psicosocial, particularmente en el ámbito de la salud mental comunitaria. Nuestro ánimo es despertar el debate entre quienes tienen inquietudes dentro de este campo de trabajo partiendo de todas las fuentes y experiencias con las que nos hemos cruzado profesionalmente. No nos responsabilizamos de lo que hemos escrito más allá de 48 horas, ya que podemos haber aprendido algo nuevo. Diálogo Frente: Leyendo y reflexionando sobre comentarios como «el trabajo en la rehabilitación psicosocial en salud mental comunitaria carece de un fundamento científico», me pregunto, ¿puede ser que determinadas declaraciones puedan ser interpretadas como una «verdad» indiscutible y objetiva y sean vistas con suspicacia? ¿Es posible que determinadas afirmaciones relacionadas con alguna forma de objetividad son recibidas con notable escepticismo y consideradas como un recurso retórico, utilizado para persuadir a los demás de la superioridad de una interpretación frente a los demás? En este sentido, ¿sería bueno que los investigadores también tuvieran nociones de clínica y no sólo teórica? Retaguardia: Voy a contestar por partes. En primer lugar contestaré a «¿puede ser que determinadas declaraciones puedan ser interpretadas como una «verdad» indiscutible y objetiva y sean vistas con suspicacia?». Entiendo que por «verdad indiscutible y objetiva» - yo pondría todo entre comillas - se refiere a aquellos que afirman según el estudio de tal y Pascual. El que trabaja en ciencia, y particularmente en el ámbito psicosocial, sabe que la verdad no es indiscutible y la investigación simplemente intenta objetivar nuestras observaciones para tomar decisiones con criterio. La suspicacia es fruto del abuso y la ignorancia, tanto si es por parte del profesional de la rehabilitación psicosocial como por el determinista científico. Del abuso de la investigación como forma de certeza, y de la ignorancia de los procesos que dan resultados de investigación. La suspicacia en el profesional lleva al relativismo extremo donde nada es cierto y todo vale según unas condiciones que desconocemos y que describimos como «verdad plausible y admisible». Por ejemplo, la significación estadística de p menor que 0.05, un valor archiconocido en el mundo de las ciencias sociales no nos informa de la magnitud de un resultado. No nos informa sobre si la diferencia en autonomía como resultado de un programa de intervención es mayor o menor. La significación nos informa de la probabilidad de que observemos ese efecto a largo plazo si repetimos el trabajo. Por ejemplo, si aplicamos esa intervención de forma repetida, por ejemplo en nuestros dispositivos, si fuera posible, observaremos que la intervención tiene efectos con esa probabilidad. Sin embargo, si ese efecto es el resultado de comparar una medida preintervención de otra postintervención, sin grupo o tratamiento de comparación, no podremos concluir nada en relación a la intervención. El efecto se podrá extraer si comparamos el pre y el post con algo, con un grupo de comparación. El resultado nos ofrecerá algo de información, sobre algo que podemos hacer, pero nunca sabremos si el efecto se debe a la intervención en sí, o características particulares de los participantes o la simpatía de los profesionales que las llevaron a cabo. Sabiendo esto ¿está justificada la suspicacia? Retaguardia: Sobre la segunda pregunta: «¿Es posible que determinadas afirmaciones relacionadas con alguna forma de objetividad son recibidas con notable escepticismo y consideradas como un recurso retórico, utilizado para persuadir a los demás de la superioridad de una interpretación frente a los demás?». Un momento de pausa. El uso de la investigación como forma de influencia informativa y normativa: «¿Cómo vas a poner en cuestión lo que dice Pepito y Menganito, 2012? ¿Cómo te atreves a cuestionar un resultado científico?» Así es utilizada la ciencia como recurso retórico para persuadir aquellos que desconocen la investigación. Si no estamos dispuestos y dispuestas a leer algo distinto a lo que dijeron Pepito y Menganito en el 2012, pues estamos vendidos. Lo que llamas un recurso retórico yo lo llamaría falacia narrativa. La falacia narrativa es la tendencia a unir resultados de estudios aislados en un relato coherente. Si yo quiero dar una charla atractiva con seguridad, construiré una falacia narrativa, y si quiero que pocos me entiendan, me ajustare a la realidad. ¿Por qué? Porque nuestras mentes están preparadas para asimilar patrones y no datos. El relato, falacia narrativa y recursos retóricos son fácilmente compresibles y aprensibles. Los datos y los resultados son más difíciles de digerir para nuestra cabeza, sobre todo porque estamos acostumbrados a las historias y no a los hechos. Retaguardia: Y como respuesta a la última pregunta: «¿sería bueno que los investigadores también tuvieran nociones de clínica y no sólo teórica?». Es una obviedad. Un investigador sin experiencia clínica es como un perro cazador que no ha visto presa, pero es también muy difícil hacerlo todo bien. Lo que no se puede pretender es que una persona tenga 30 años de experiencia profesional y 30 años de experiencia investigadora, hacer una buena intervención, saber de investigación y no haber muerto en el intento. Por suerte somos muchas personas y podemos trabajar en grupo. Es necesario crear grupos multidisciplinares donde la figura de investigador esté presente y se refleje en el trabajo de los profesionales clínicos, aprendiendo a poner negro sobre blanco lo que se trabaja en análisis funcionales y diagramas causales. Se han creado figuras intermedias entre la investigación y la intervención con denominaciones como Knowledge Breaker, alguien que traduzca lo que saben los investigadores para los profesionales de la intervención. Yo abogo el diálogo directo entre ambos siempre que sea posible pero, a veces, no puede ser. Lo que no puede continuar es trabajar por costumbre y por comodidad, donde la mejora del paciente sea la impresión del profesional y la intervención dependa del «porque yo lo valgo». Donde el tratamiento depende de la suerte del conocimiento del profesional que te atienda. Continuar a la Tercera Parte Contenido relacionado Rehabilitación psicosocial: Diálogos entre frente y retaguardia (Primera Parte) Un metro no es un metro, ¿y la calidad de vida sí? De la experiencia psicosocial a la realidad psicosocial Un guión para describir cualquier intervención en rehabilitación psicosocial La precisión del metro de mi intervención

miércoles, 30 julio 2025 08:51

Rehabilitación psicosocial: Diálogos entre frente y retaguardia
10 - 06 - 2025

Rehabilitación psicosocial: Diálogos entre frente y retaguardia

REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autores: Alfonso Barrós-Loscertales. Dpto. Psicología Básica, Clínica y Psicobiología. Universitat Jaume I. Sergio Benabarre Ciria. Psicólogo de Arcadia, Fundación Agustín Serrate. Profesor asociado Universidad de Zaragoza. Introducción A continuación, se transcribe una conversación entre un profesional de la rehabilitación psicosocial y un académico. Lo hemos dado en llamar «Diálogos entre Frente y Retaguardia» en un intento en trasladar y comprender la importancia del «dato» y sus dimensiones en el ámbito de la rehabilitación psicosocial, particularmente en el ámbito de la salud mental comunitaria. Nuestro ánimo es despertar el debate entre quienes tienen inquietudes dentro de este campo de trabajo partiendo de todas las fuentes y experiencias con las que nos hemos cruzado profesionalmente. No nos responsabilizamos de lo que hemos escrito más allá de 48 horas, ya que podemos haber aprendido algo nuevo. Diálogo Retaguardia: El trabajo en la rehabilitación psicosocial en salud mental comunitaria carece de un fundamento científico. Y no porque no exista investigación, sino porque no se busca cómo aplicarla; y no porque no haya investigación aplicada, sino porque no se le presta la atención necesaria. Está claro que hay investigación, pero cuando trabajamos nos olvidamos de ella. Frente: La investigación es importante para buscar evidencia. El problema es, ¿qué investigación necesita la rehabilitación? Hay muchas definiciones de recuperación. En el mismo sentido, ha habido muchos intentos de medir la recuperación de una persona con Trastorno Mental Grave. Donde yo veo el problema es que se intenta definir y evaluar un constructo que es individual, es decir, que hay tantas recuperaciones como personas. ¿Cómo se evalúa, mide, investiga algo que es idiosincrático a cada persona? Retaguardia: La investigación contempla lo idiosincrásico de la persona y de la definición de la recuperación. Comenzando por lo segundo, la definición de recuperación determinará la forma en que medimos. Y no tiene por qué haber una definición mejor que otra. Atender a la idiosincrasia de la persona es utilizar una falacia de excepción. El primer peligro de esta falacia en la rehabilitación es que dificulta la aplicación de tratamientos validados. El segundo peligro es que puede primar la aplicación de otros tratamientos sin criterios porque «atiende mejor a la idiosincrasia de mi paciente». Frente: No estoy tan convencido que la investigación contemple lo idiosincrático de la persona, al menos en rehabilitación psicosocial, un campo muy heterogéneo. Vuelvo a la pregunta, ¿qué investigación necesita la rehabilitación psicosocial? Actualmente, todo está colonizado por el modelo biomédico, la psicología e investigación igual. Hay tratamientos, basados en la evidencia, que sirven para unas personas, pero para otras no, en porcentajes que llevan al factor suerte. ¿Qué funciona en unos casos y que no funciona en otros? Tampoco estoy tan convencido de que todas las definiciones de recuperación sirvan. Actualmente, si basamos la recuperación en una medida estadística, nos estamos equivocando, pero si tratamos la recuperación desde un punto de vista sólo social, también nos equivocamos. ¿Es posible que la supuesta falta de evidencia tenga que ver con la indefinición, no sólo del término recuperación, sino también del término Trastorno Mental Grave como la esquizofrenia? Si no tenemos claro desde el principio de qué estamos hablando, ¿qué podemos investigar? Retaguardia: Las investigaciones basadas en la comparación entre grupos o en las asociaciones entre variables no parecen las más apropiadas, ya que utilizan medidas de resumen como la media y la desviación estándar, que puede que no represente a ninguna persona en el grupo. Por ejemplo, en un estudio sobre psicosis puede ser que la evaluación de la efectividad del tratamiento dependa de una variable que mida la autonomía. Sin embargo, el promedio de todas las puntuaciones de los participantes nos da un valor, por ejemplo, 16, y que ningún participante haya obtenido esa puntuación. Las técnicas pensadas para sacar el máximo partido de cada persona, además del grupo pueden ser más apropiadas, ya que atienden a las diferencias individuales. Al factor suerte, yo lo llamo error, ya sea un error de medida, error experimental o error aleatorio. Este último es el que menos me preocupa. Y si hay tantas definiciones de recuperación, lo importante será atender a lo que cada una de ellas significa y no utilizar la palabra como un totum revolutum. Los detalles son importantes en cualquier investigación. Las medidas psicosociales parten de definiciones conceptuales y transformar esas definiciones en medidas es muy difícil. En consecuencia, estoy de acuerdo contigo en que la indefinición o falta de precisión en los conceptos sobre los que se trabajan y cómo se operacionalizan, es decir, en qué hechos se fundamentan para ser observables es algo que puede estar fallando. Continuar a la Segunda Parte Contenido relacionado Rehabilitación psicosocial: Diálogos entre frente y retaguardia (Tercera Parte) Un metro no es un metro, ¿y la calidad de vida sí? De la experiencia psicosocial a la realidad psicosocial Un guión para describir cualquier intervención en rehabilitación psicosocial La precisión del metro de mi intervención

miércoles, 30 julio 2025 08:48

Motores de búsqueda vs. Bases de datos: claves reales para una búsqueda bibliográfica eficaz
05 - 06 - 2025

Motores de búsqueda vs. Bases de datos: claves reales para una búsqueda bibliográfica eficaz

BÚSQUEDAS BIBLIOGRÁFICAS | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Introducción Cuando nos enfrentamos al diseño de un programa de intervención o al arranque de una investigación, hay un paso que no deberíamos tomar a la ligera: la búsqueda bibliográfica. Y, sin embargo, es sorprendente lo común que es ver a profesionales limitarse a escribir su tema en Google, cruzar los dedos y esperar que aparezca «algo útil». Spoiler: no suele funcionar. No porque Google sea malo, sino porque no está diseñado para eso. Si lo que buscamos es rigor, evidencia y fundamentos sólidos, necesitamos ir a otro sitio: las bases de datos especializadas. No es lo mismo Google que PubMed (ni se parecen) Para entenderlo bien, conviene diferenciar ambos conceptos. Un motor de búsqueda (como Google o Bing) rastrea información general en Internet. Funciona como un radar: detecta todo lo que hay ahí fuera, pero sin mucho criterio. Es rápido, sí. Pero también caótico. Una base de datos especializada (como PsycINFO, Scopus o PubMed) es otra historia: contiene información organizada, clasificada y filtrada por expertos. Aquí no vale cualquier cosa: se prioriza la calidad académica, no el número de clics. ¿Y por qué debería importarte esto? Porque si estás diseñando una intervención, necesitas saber qué se ha hecho antes, qué ha funcionado y qué no. Y para eso, los datos tienen que venir de fuentes fiables. Vamos con una comparativa rápida: Bases de datos especializadas Motores de búsqueda generales Filtradas por expertos Sin control temático Diseñadas para investigación Diseñadas para todo tipo de búsquedas Menor cantidad, pero más calidad Mucho volumen, más "ruido" Tesauros temáticos Resultados genéricos Búsqueda precisa y controlada Resultados desordenados Un ejemplo concreto: un estudio comparó PubMed y Google en la resolución de preguntas clínicas especializadas. Resultado: PubMed acertó en el 73% de los casos, Google solo en el 58%. La diferencia no es menor. Claves para buscar bien (y no perder el tiempo) Las bases de datos no son más difíciles de usar, pero sí requieren estrategia. Aquí algunas ideas prácticas: Empieza en lo general y ve afinando según encuentres resultados relevantes. Usa comillas para buscar frases exactas (“terapia cognitivo-conductual”). El símbolo asterisco (*) te permite buscar variantes (ej. “depres*” = depresión, depresivo, depresiva…). Evita palabras irrelevantes como “el”, “un”, “de”… Aplica filtros avanzados: por idioma, año, tipo de documento, etc. Usa los campos específicos (título, autor, palabras clave) si el buscador lo permite. Plataformas como EBSCO, ProQuest o Ovid ya integran muchas de estas funciones, y con un poco de práctica, puedes sacarles mucho partido. ¿Qué impacto tiene esto en tu trabajo? Si estás diseñando un programa de intervención psicosocial, la diferencia entre una búsqueda pobre y una bien hecha puede traducirse en resultados clínicos distintos. Literalmente. Una búsqueda bibliográfica eficaz te permite: Situarte en el contexto: saber qué se ha publicado sobre tu tema. Identificar referentes clave: autores, modelos, enfoques validados. Justificar tus decisiones: elegir técnicas o estrategias con respaldo científico. Ampliar tu mirada: a veces, descubres aspectos que no habías considerado. Recomendaciones finales (y muy prácticas) Empieza siempre por la base de datos. No vayas directamente al artículo completo sin haber revisado antes qué más hay. Deja Google para la búsqueda exploratoria o de contexto general, no para fundamentar decisiones clínicas. Organiza tus hallazgos desde el primer momento. Usa un gestor bibliográfico, un Excel, lo que sea… pero no pierdas de vista lo que vas localizando. Si tienes poco tiempo, enfócate en las bases de datos por materias: son las que más filtran y mejor te orientan. En resumen: Google puede ayudarte a encontrar una receta para la cena. Pero si vas a diseñar una intervención que afectará directamente a personas, necesitas algo más fiable. Las bases de datos son tu mejor aliada cuando lo que te juegas es la calidad y la evidencia de tu trabajo. Dominar ambas herramientas —saber qué buscar, dónde y cómo— no es un lujo. Es una competencia básica para cualquier profesional de la intervención psicosocial. ¿Te interesa profundizar más en este tema? Está abierta la inscripción para el Curso de Teleformación «Búsquedas bibliográficas y escritura técnica», organizado por el Centro de Rehabilitación Psicosocial (Creap) de Valencia, organismo dependiente del Imserso. La automatrícula estará disponible los días 11, 12 y 13 de junio de 2025 a través de la Plataforma de Teleformación del Imserso. El curso se impartirá del 16 al 30 de junio de 2025 y tiene una duración total de 20 horas. Una oportunidad perfecta para profesionales del ámbito sociosanitario que buscan desarrollar las competencias necesarias para realizar búsquedas bibliográficas de manera eficaz, analizar críticamente la literatura científica, comprender e interpretar los resultados de investigaciones, y expresar sus conclusiones de forma clara mediante la escritura científica y técnica. Capacidades de gran utilidad tanto para su trayectoria académica como en su desempeño profesional dentro del ámbito de la rehabilitación psicosocial. fortalecer sus competencias en búsquedas bibliográficas. Contenido relacionado Curso de Teleformación «Búsquedas bibliográficas y escritura técnica». Plataforma Teleformación del Imserso.

jueves, 05 junio 2025 10:46

La planificación y diseño en programas de Rehabilitación Psicosocial
27 - 05 - 2025

La planificación y diseño en programas de Rehabilitación Psicosocial

PROGRAMAS REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Piénsese en la planificación de unas vacaciones. Si la organización es meticulosa, considerando las preferencias de cada viajero y las actividades a realizar, el resultado será, sin duda, exitoso. De manera análoga, la rehabilitación psicosocial sigue una lógica similar. Es un pilar fundamental para la recuperación y la mejora de la calidad de vida de individuos con trastorno mental grave (TMG). No obstante, para que sus beneficios se materialicen de forma duradera, los programas de intervención deben ser meticulosamente diseñados, evaluados y, crucialmente, adaptados a las necesidades de cada persona. Es como confeccionar un traje a medida. La importancia crucial de un diseño estructurado Un programa bien estructurado trasciende el mero tratamiento de los síntomas. Busca promover la autonomía, la integración comunitaria y la participación activa de las personas en su propio proceso de recuperación. Este enfoque integral incrementa la eficacia, eficiencia y sostenibilidad de las intervenciones, contribuyendo decisivamente a una inclusión social plena. Es comparable a edificar una estructura: si los cimientos son sólidos, la edificación resistirá el paso del tiempo. Elementos esenciales en el diseño de programas de rehabilitación psicosocial Podemos decir que los componentes clave que definen un programa efectivo son: El enfoque centrado en la persona es primordial. Cada individuo posee necesidades, preferencias y contextos únicos. Por ello, los programas deben ser flexibles, adaptándose a estas particularidades y fomentando la autodeterminación y la participación activa del usuario en su proceso de recuperación. No se trata de un modelo universal, sino de una intervención personalizada. Una intervención integral es indispensable. No es suficiente abordar una única dimensión. Es fundamental trabajar en todas las esferas del bienestar: física, psicológica y social. Esto implica tanto el desarrollo de competencias que puedan estar deficitarias (sociales, cognitivas, emocionales) como la adaptación a la vida cotidiana y la integración en la comunidad. La planificación sistemática es un paso ineludible. El diseño debe originarse en una evaluación exhaustiva de las necesidades, la fijación de objetivos claros y medibles, y la selección de estrategias fundamentadas en la mejor evidencia disponible. Adicionalmente, es necesario organizar de manera ordenada los recursos, los cronogramas y las actividades. Es análogo a la preparación de un viaje de largo recorrido, que requiere un mapa y la previsión de sus etapas. El trabajo interdisciplinar enriquece considerablemente el abordaje. La colaboración entre profesionales de diversas áreas (psicología, trabajo social, enfermería, educación social, expertos en primera persona, etc.) optimiza la atención integral y potencia los resultados. Se asemeja a un equipo deportivo donde cada miembro desempeña un rol específico, pero todos persiguen un objetivo común. La participación del entorno es vital. La implicación de la familia y la red de apoyo es crucial para consolidar los avances y reducir el riesgo de recaídas. La psicoeducación y el acompañamiento familiar constituyen componentes esenciales para el éxito del programa. Finalmente, la evaluación y mejora continua son intrínsecas a un buen programa. Este debe incorporar mecanismos de evaluación rigurosa y periódica, permitiendo así ajustar las intervenciones y asegurar una progresión constante en los resultados. Es similar a la revisión de los resultados académicos para identificar áreas de mejora. Beneficios derivados de un diseño apropiado Un diseño de programa adecuado se traduce en múltiples beneficios, ya que se observa una mejora en la calidad de vida y el bienestar de los usuarios. Se fomenta la autonomía y la integración comunitaria. Contribuye a la reducción del estigma y promueve la inclusión social. Disminuye el riesgo de recaídas y hospitalizaciones. Optimiza el uso de recursos y la eficacia de las intervenciones. Consideración final El diseño de programas en rehabilitación psicosocial no es una tarea exenta de complejidad. Sin embargo, resulta esencial para lograr intervenciones transformadoras y sostenibles. La apuesta por enfoques sistemáticos, individualizados y basados en la evidencia constituye la mejor garantía para maximizar el impacto positivo en la vida de las personas con TMG y avanzar hacia una sociedad más inclusiva y justa. Formación en diseño de programas de intervención en rehabilitación psicosocial Si te interesa aprender a diseñar programas de rehabilitación psicosocial eficaces, centrados en la persona y respaldados por la evidencia científica, del 9 al 23 de junio se desarrollará, a través de la Plataforma de Teleformación del Imserso, el curso titulado «Diseño de Programas de Intervención Evaluables en Rehabilitación Psicosocial», organizado por el Centro de Rehabilitación Psicosocial (Creap). Esta actividad formativa tiene como objetivo proporcionar a los y las profesionales del ámbito psicosocial los conocimientos y herramientas necesarios para diseñar, implementar y evaluar programas de intervención centrados en la persona y fundamentados en la evidencia científica. El contenido del curso abarca aspectos metodológicos esenciales, incluyendo la planificación estratégica, el diseño estructurado de intervenciones, y la incorporación de mecanismos de evaluación y mejora continua. Se adoptará un enfoque aplicado, orientado a facilitar la transferencia de los aprendizajes a contextos profesionales reales. La inscripción estará habilitada los días 4, 5 y 6 de junio. Dado que el número de plazas es limitado, se recomienda a las personas interesadas formalizar su inscripción en las fechas indicadas. Contenido relacionado Curso de Teleformación «Diseño de programas de intervención evaluables en rehabilitación psicosocial».

martes, 27 mayo 2025 08:32

Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida II
19 - 05 - 2025

Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida II

CALIDAD DE VIDA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. En la anterior parte del artículo (enlace) hablamos de qué es el sobrediagnóstico, sus causas y consecuencias. En esta otra parte nos centraremos que podemos hacer para prevenirlo y afrontarlo. ¿Qué podemos hacer? Alternativas para un abordaje más justo y eficaz Ajustar el diagnóstico a la realidad. Urge formar mejor a los profesionales, dotarlos de herramientas clínicas rigurosas y promover una evaluación que tenga en cuenta no solo los síntomas, sino el contexto y el impacto funcional real en la vida de la persona. Frente a categorías cerradas, hay que recuperar el sentido clínico y la visión integral. A veces, simplemente escuchar mejor puede evitar un diagnóstico apresurado. Intervenir sin medicalizar. Para los casos donde los síntomas son leves o situacionales, conviene valorar estrategias como la observación activa, el acompañamiento psicológico o las intervenciones comunitarias. Terapias como la cognitivo-conductual, el mindfulness, el deporte o los grupos de apoyo pueden marcar una diferencia sustancial sin necesidad de fármacos. Muchos de estos recursos funcionan especialmente bien cuando se integran desde la atención primaria, que debería ser un punto clave en cualquier estrategia de salud mental. Formar e informar. Mejorar la cultura en salud mental de la población es una de las claves. Hay que enseñar —en serio— a distinguir entre malestar y patología, y a buscar ayuda adecuada sin caer en el diagnóstico como única salida. También es necesario fomentar decisiones compartidas en consulta, donde la persona diagnosticada no sea un receptor pasivo, sino un actor informado y activo. Reformar desde la raíz. No podemos hablar de salud mental sin hablar de vivienda, trabajo, relaciones sociales o precariedad. Los determinantes sociales del malestar están ahí, y cualquier política pública que los ignore está condenada a parchear en lugar de transformar. También es urgente regular mejor la relación entre profesionales e industria farmacéutica, velando por una práctica ética y basada en el beneficio real de la persona diagnosticada. Por último, necesitamos más y mejor investigación: estudios que afinen los criterios diagnósticos, biomarcadores que nos saquen del terreno ambiguo, y evaluaciones serias sobre qué intervenciones funcionan… y cuáles no. Tecnología al servicio de las personas. Las herramientas digitales, bien diseñadas, pueden acercar servicios, facilitar seguimientos, y dar respuestas ágiles especialmente en zonas donde la atención presencial es limitada. Pero deben ser eso: herramientas, no atajos. Conclusión: Diagnosticar Menos, Acompañar Mejor El sobrediagnóstico revela una paradoja difícil de resolver: queremos que se hable más de salud mental, pero corremos el riesgo de que se convierta en un cajón de sastre donde todo cabe. No se trata de negar el sufrimiento, sino de aprender a leerlo con más matices. La solución no está en eliminar diagnósticos, sino en usarlos con rigor, sensibilidad y sentido. En mirar más allá de los síntomas, en apostar por tratamientos que pongan a la persona en el centro y en construir sistemas de salud mental que no solo respondan, sino que comprendan. En definitiva, se trata de devolverle al sufrimiento su dignidad, sin reducirlo a etiquetas, y de confiar en la capacidad de las personas para sanar, reconstruirse y, sobre todo, vivir con sentido. Contenido relacionado Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida.

lunes, 19 mayo 2025 08:32

Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida
13 - 05 - 2025

Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida

CALIDAD DE VIDA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. ¿Estamos psicopatologizando la vida? Cada vez es más común que personas adultas reciban un diagnóstico de trastorno mental sin que exista una clara justificación clínica. Hablamos de casos en los que lo que debería considerarse una reacción comprensible ante el estrés o el sufrimiento cotidiano termina convertido en una etiqueta diagnóstica. Esta tendencia —conocida como sobrediagnóstico— tiene implicaciones profundas y no siempre inocuas. Se calcula que cientos de millones de personas en todo el mundo viven con algún diagnóstico de salud mental. Y en ciertos países, uno de cada cinco adultos cumple criterios para ser diagnosticado anualmente. Pero detrás de estas cifras impactantes, hay matices que conviene explorar. Porque no toda tristeza es depresión, ni toda inquietud, un trastorno de ansiedad. El problema aparece cuando, en vez de acompañar, interpretamos malestar como enfermedad, con lo que eso conlleva en términos personales y sociales. Las diferencias en cómo los países abordan la salud mental también son reveladoras: mientras algunos dedican una parte significativa de su presupuesto sanitario a este ámbito, otros apenas rascan la superficie. El resultado es un panorama desigual, con intervenciones dispares y efectos contradictorios. ¿Por qué diagnosticamos de más? Se puede afirmar con rotundidad que no hay una sola causa, sino un entramado de razones que se retroalimentan. Clínica y sistema sanitario. La progresiva ampliación de los manuales diagnósticos ha terminado por diluir los límites entre lo patológico y lo normal. Ejemplos sobran: lo que antes se consideraba una tristeza profunda ante una pérdida, hoy puede etiquetarse como depresión mayor. Además, el modelo biomédico dominante favorece soluciones rápidas, a menudo farmacológicas, dejando de lado el contexto vital y emocional de cada persona. En la práctica diaria, la falta de tiempo, de herramientas adecuadas o de formación específica —sobre todo en atención primaria— puede llevar a diagnósticos precipitados. Y si a esto sumamos la tendencia a "pecar por exceso" para no dejar escapar un posible caso, se entiende por qué tantos diagnósticos resultan innecesarios o incluso contraproducentes. Cultura y sociedad. Vivimos en una época donde el lenguaje psicológico se ha democratizado… pero también trivializado. Sentirse mal es legítimo, claro está, pero eso no significa que siempre haya que ponerle nombre clínico. Muchas veces buscamos en un diagnóstico una forma de validación, de entender lo que nos pasa, sin cuestionar si es realmente la vía más adecuada para sanar. Esta búsqueda, aunque comprensible, alimenta un círculo vicioso entre la demanda de diagnósticos y su oferta desmedida. Intereses económicos. Aquí también entra en juego la influencia de la industria farmacéutica, que no es menor. La promoción de fármacos, a través de campañas sutiles o directas, contribuye a extender diagnósticos a poblaciones cada vez más amplias. En ocasiones, lo que necesita contención o escucha termina siendo medicado, a menudo sin necesidad real. Efectos del sobrediagnóstico: más allá del papel No se trata solo de una cuestión teórica. Las consecuencias son muy concretas y, en muchos casos, dañinas. En la vida de las personas. Recibir un diagnóstico erróneo o innecesario puede derivar en tratamientos farmacológicos que implican efectos secundarios, dependencia o una falsa sensación de invalidez. Las etiquetas también pesan: afectan cómo uno se ve, cómo lo ven los demás y qué decisiones toma. Pueden restringir oportunidades laborales, sociales o vitales, generando una sensación de fragilidad aprendida. Y hay otro efecto silencioso pero poderoso: la idea de que necesitamos siempre un sistema que nos sostenga, incluso cuando tal vez podríamos salir adelante con apoyo emocional, tiempo o recursos comunitarios adecuados. En el sistema de salud. Los recursos no son infinitos. Cada diagnóstico innecesario desvía tiempo, atención y dinero que podrían destinarse a quienes realmente lo necesitan. El resultado: listas de espera más largas, profesionales saturados, tratamientos menos personalizados. En otras palabras, se diluye la calidad del sistema.

martes, 13 mayo 2025 08:32

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