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viernes, 18 noviembre 2022 11:09

Medicamentos ansiolíticos: Qué son, ventajas e inconvenientes y efectos secundarios
15 - 06 - 2023

Medicamentos ansiolíticos: Qué son, ventajas e inconvenientes y efectos secundarios

Medicamentos ansiolíticos: Qué son, ventajas e inconvenientes y efectos secundarios. INVESTIGACIÓN | GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Introducción Los medicamentos ansiolíticos son una clase de fármacos utilizados principalmente para tratar la ansiedad y el insomnio. Estos medicamentos actúan sobre el sistema nervioso central para producir un efecto calmante y son una herramienta valiosa en el manejo de estos trastornos. No obstante, su uso debe ser cuidadoso y revisado debido a su potencial para crear dependencia y los efectos secundarios que pueden llegar a tener. Aunque estos medicamentos pueden ser extremadamente útiles para aliviar los síntomas de la ansiedad y el insomnio, también tienen desventajas, incluyendo el potencial para la dependencia y la tolerancia, lo que significa que los usuarios pueden necesitar dosis cada vez mayores para obtener el mismo efecto. Los efectos secundarios pueden incluir somnolencia, mareos, confusión y problemas de memoria. Diferencias entre ansiolíticos, antidepresivos, estabilizadores del estado de ánimo y antipsicóticos Como su nombre indica, los ansiolíticos se utilizan principalmente para tratar la ansiedad. Los antidepresivos, por otro lado, están diseñados para tratar la depresión, aunque también pueden ser efectivos en el tratamiento de la ansiedad. Los estabilizadores del estado de ánimo se utilizan para tratar trastornos del estado de ánimo como el trastorno bipolar, mientras que los antipsicóticos se utilizan para tratar trastornos psicóticos como la esquizofrenia. Cada uno de estos medicamentos tiene un mecanismo de acción diferente y se utiliza para tratar diferentes aspectos de la salud mental. Los ansiolíticos, como las benzodiazepinas, actúan aumentando la actividad del ácido gamma-aminobutírico (GABA), un neurotransmisor que inhibe la actividad en el cerebro, lo que resulta en un efecto calmante. Los antidepresivos, por otro lado, actúan aumentando la disponibilidad de neurotransmisores como la serotonina y la norepinefrina, que se cree que juegan un papel en la regulación del estado de ánimo. Los estabilizadores del estado de ánimo, como el litio, se utilizan para tratar trastornos del estado de ánimo y se cree que actúan afectando a varios neurotransmisores y estabilizando las neuronas excitables. Los antipsicóticos, por último, se utilizan para tratar trastornos psicóticos y se cree que actúan bloqueando los receptores de dopamina en el cerebro. Consumo de ansiolíticos en España Según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, el uso de medicamentos ansiolíticos e hipnóticos en España ha aumentado de forma casi constante durante el periodo 2000-2021. Este aumento puede estar relacionado con una variedad de factores, incluyendo un mayor reconocimiento y diagnóstico de trastornos de ansiedad e insomnio y el confinamiento debido a la COVID-19. Sin embargo, también es importante tener en cuenta que el uso excesivo o inapropiado de estos medicamentos puede llevar a problemas de dependencia y a otros efectos secundarios negativos. Historia y clasificación de los ansiolíticos Los ansiolíticos tienen una larga historia y son diversos los testimonios del uso de hierbas y sustancias para tratar la ansiedad. No obstante, se suele considerar como el primer ansiolítico al bromuro de potasio, utilizado en el siglo XIX. Sin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando se desarrollaron los primeros ansiolíticos modernos. El primer ansiolítico moderno, el meprobamato, fue introducido en la década de 1950. Este medicamento, que se comercializó bajo el nombre de Miltown, se convirtió rápidamente en un éxito de ventas y marcó el comienzo de la era de la psicofarmacología. En la década de 1960, se introdujeron las benzodiacepinas, una nueva clase de ansiolíticos que incluía medicamentos como el diazepam y el alprazolam. Estos medicamentos, resultaban más seguros y eficaces que el meprobamato y se convirtieron rápidamente en los ansiolíticos de elección para el tratamiento de los trastornos de ansiedad. Los ansiolíticos se pueden clasificar en varias categorías, incluyendo benzodiazepinas, antihistamínicos, barbitúricos y otros. A. Las benzodiazepinas, que incluyen medicamentos como el diazepam y el alprazolam, son quizás los ansiolíticos más conocidos. Estos medicamentos actúan aumentando la actividad del GABA, lo que resulta en un efecto calmante. Sin embargo, también tienen un alto potencial de dependencia y pueden causar efectos secundarios como somnolencia, mareos y confusión. B. Los antihistamínicos, como la hidroxizina, también se utilizan a veces como ansiolíticos. Estos medicamentos actúan bloqueando los receptores de la histamina, una sustancia química que se libera durante una reacción alérgica. Aunque los antihistamínicos pueden ser efectivos en el tratamiento de la ansiedad, también pueden causar somnolencia y otros efectos secundarios. C. Los barbitúricos, como el fenobarbital, son una clase más antigua de ansiolíticos que se utilizan menos comúnmente hoy en día debido a su alto potencial de dependencia y a los riesgos de sobredosis. Sin embargo, todavía se utilizan en algunos casos, especialmente para el tratamiento del insomnio y de ciertos tipos de epilepsia. Ventajas e inconvenientes del uso de ansiolíticos Los ansiolíticos pueden ser extremadamente útiles en el tratamiento de la ansiedad y el insomnio, proporcionando alivio rápido de los síntomas. Sin embargo, también tienen desventajas, incluyendo el potencial para la dependencia y la tolerancia, lo que significa que las personas tratadas pueden necesitar dosis cada vez mayores para obtener el mismo efecto. Cómo hemos expuesto, los efectos secundarios pueden incluir somnolencia, mareos, confusión y problemas de memoria. Además, los ansiolíticos pueden interactuar con otros medicamentos y sustancias, incluyendo el alcohol, lo que puede aumentar el riesgo de efectos secundarios graves. Además, aunque los ansiolíticos pueden proporcionar alivio a corto plazo de los síntomas de la ansiedad, no tratan las causas subyacentes de la ansiedad. Por lo tanto, a menudo se utilizan en combinación con otras formas de tratamiento, como la terapia cognitivo-conductual, que puede ayudar a los pacientes a aprender a manejar su ansiedad a largo plazo. Efectos secundarios de los ansiolíticos Los efectos secundarios de los ansiolíticos pueden variar dependiendo del medicamento específico, pero pueden incluir somnolencia, mareos, confusión, problemas de memoria, problemas de equilibrio y coordinación, y en casos raros, comportamiento agresivo o violento. Es importante que los pacientes estén al tanto de estos posibles efectos secundarios y que se comuniquen con su médico si experimentan alguno de ellos. Por lo tanto, es importante que los pacientes informen a su médico sobre todos los medicamentos y sustancias que están utilizando. Alternativas al tratamiento farmacológico. La terapia cognitivo-conductual. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una forma de tratamiento psicológico que ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de una variedad de trastornos de ansiedad. La TCC se basa en la idea de que nuestros pensamientos (cogniciones) y comportamientos juegan un papel fundamental en cómo experimentamos la ansiedad. Por lo tanto, el objetivo de la TCC es ayudar a las personas a aprender a identificar y cambiar patrones de pensamiento y comportamiento que pueden estar contribuyendo a su ansiedad. La TCC para los trastornos de ansiedad generalmente implica dos componentes principales: la terapia cognitiva y la terapia de exposición. La terapia cognitiva se centra en ayudar a las personas a identificar y cambiar pensamientos negativos o distorsionados que pueden estar contribuyendo a su ansiedad. Por ejemplo, una persona con trastorno de ansiedad social puede tener pensamientos como "Si digo algo tonto, todos se reirán de mí". La terapia cognitiva puede ayudar a esta persona a desafiar y cambiar estos pensamientos negativos. La terapia de exposición, por otro lado, implica ayudar a las personas a enfrentar gradualmente las situaciones o cosas que temen en un entorno seguro y controlado. Por ejemplo, una persona con trastorno de pánico puede tener miedo de tener un ataque de pánico en un lugar público. La terapia de exposición puede implicar ayudar a esta persona a enfrentarse gradualmente a situaciones en las que teme tener un ataque de pánico, comenzando quizás con simplemente pensar en estas situaciones, luego pasar a visitar lugares públicos con el terapeuta, y finalmente visitar estos lugares por su cuenta. Diversos meta-análisis de la TCC para los trastornos de ansiedad encontró que la TCC muestran que es eficaz para reducir los síntomas de ansiedad y depresión tanto en adultos como en niños y adolescentes y que en algunos casos puede ser tan eficaz como los medicamentos para el tratamiento de los trastornos de ansiedad. Además, la investigación ha comenzado a explorar cómo la TCC puede cambiar la actividad cerebral en personas con trastornos de ansiedad al aumentar la actividad en el córtex prefrontal, una parte del cerebro que está involucrada en la regulación de las emociones y cambiar la actividad en varias áreas del cerebro que están involucradas en el procesamiento del miedo y la ansiedad. Conclusión Los ansiolíticos son una herramienta valiosa en el tratamiento de la ansiedad y el insomnio, pero su uso debe ser cuidadoso y monitoreado debido a su potencial para la dependencia y los efectos secundarios. Aunque el uso de estos medicamentos ha aumentado en España en los últimos años, es importante recordar que los medicamentos son solo una parte del tratamiento para estos trastornos y que las terapias de cognitivo-conductuales y las intervenciones de estilo de vida también pueden ser efectivas en su abordaje. Bibliografía Aznar, M. P. M., Pérez, L. G., Pérez, J. M. B., y Rodríguez-Wangüemert, C. (2017). Género y uso de medicamentos ansiolíticos e hipnóticos en España/Gender and the use of anxiolytic and hypnotic drugs in Spain. Journal of Feminist, Gender and Women Studies, (5). Bandelow, B., Michaelis, S., y Wedekind, D. (2017). Treatment of anxiety disorders. Dialogues in Clinical Neuroscience, 19(2), 93-107. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.31887/DCNS.2017.19.2/bbandelow Brooks, S. J., y Stein, D. J. (2015). A systematic review of the neural bases of psychotherapy for anxiety and related disorders. Dialogues in Clinical Neuroscience, 17(3), 261-279. https://doi.org/10.31887/DCNS.2015.17.3/sbrooks Enomoto, M., Kitamura, S., Tachimori, H., Takeshima, M., y Mishima, K. (2020). Long-term use of hypnotics: analysis of trends and risk factors. General Hospital Psychiatry, 62, 49-55. https://doi.org/10.1016/j.genhosppsych.2019.11.008 García-Atienza, E. M., López-Torres Hidalgo, J., Minuesa-García, M., Ruipérez-Moreno, M., Lucas-Galán, F. J., y Agudo-Mena, J. L. (2022). Satisfaction with Anxiolytic and Hypnotic Drug Treatment: Validation of the TSAN Questionnaire. International Journal of Mental Health and Addiction, 20(5), 2599-260 https://doi.org/10.1007/s11469-021-00533-y García-Escalera, J., Chorot, P., Valiente, R. M., Reales, J. M., y Sandín, B. (2017). Eficacia de la terapia cognitivo conductual transdiagnóstica en el tratamiento de la ansiedad y la depresión en adultos, niños y adolescentes: Un meta-análisis. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 21(3), 211-227. https://doi.org/10.5944/rppc.vol.21.num.3.2016.17811 Kaczkurkin, A. N., y Foa, E. B. (2015). Cognitive-behavioral therapy for anxiety disorders: an update on the empirical evidence. Dialogues in Clinical Neuroscience, 17(3), 337-346. https://doi.org/10.31887/DCNS.2015.17.3/akaczkurkin Oyague López, L., y Mateos Campos, R. (2019). Perfil del Paciente Ambulatorio en Tratamiento con Ansiolíticos y/o Antidepresivos. FarmaJournal, 4(2), 19–29. https://doi.org/10.14201/fj2019421929 Téllez-Lapeira, J. M., Hidalgo, J. L. T., Gálvez-Alcaraz, L., Párraga-Martínez, I., Boix-Gras, C., y García-Ruiz, A. (2017). Consumo de ansiolíticos e hipnóticos y factores asociados en las personas mayores. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 52(1), 31-34. https://doi.org/10.1016/j.regg.2016.01.007

jueves, 23 mayo 2024 09:54

Clasificación de tipos de estudios científicos y criterios de elección de cada uno
09 - 06 - 2023

Clasificación de tipos de estudios científicos y criterios de elección de cada uno

Clasificación de tipos de estudios científicos y criterios de elección de cada uno INVESTIGACIÓN | GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO Autores: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Víctor González Ayuso. Psicólogo investigador. Área de Gestión del Conocimiento que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. En el amplio campo de las ciencias del comportamiento en general y la rehabilitación psicosocial en particular, la metodología de investigación juega un papel crucial en la generación de conocimientos. Los estudios científicos se clasifican en varias categorías, cada una con sus propias fortalezas y limitaciones. En este artículo, exploraremos los diferentes tipos de estudios científicos basándonos en la metodología que los sustenta y proporcionaremos ejemplos de cómo se pueden aplicar en el contexto de la rehabilitación psicosocial de personas con trastorno mental grave. Estudios empíricos con metodología cualitativa Los estudios empíricos con metodología cualitativa presentan datos empíricos originales producidos por los autores, pero se basan en la tradición subjetiva. Estos estudios incluyen la etnografía, los estudios de casos y la investigación-acción. A. La etnografía implica el estudio de un grupo en el que se integra el investigador. Por ejemplo, un etnógrafo podría integrarse en un grupo de rehabilitación psicosocial para entender mejor las experiencias de las personas con trastorno mental grave. B. Los estudios de casos son estudios descriptivos que utilizan una única unidad muestral. Por ejemplo, un estudio de caso podría examinar en profundidad la experiencia de una persona con trastorno mental grave en un programa de rehabilitación psicosocial. C. La investigación-acción implica estudios de contexto social en los que se investiga al mismo tiempo que se interviene. Por ejemplo, un estudio de investigación-acción podría implementar y evaluar una nueva intervención de rehabilitación psicosocial en un entorno comunitario. Estudios teóricos Los estudios teóricos no aportan datos empíricos, pero son fundamentales para el desarrollo de nuevas ideas y teorías. Se dividen en dos categorías principales: los clásicos y los meta-análisis. A. Los estudios teóricos clásicos son revisiones de ideas sin aportes estadísticos. Por ejemplo, un estudio teórico clásico podría revisar las teorías existentes sobre la rehabilitación psicosocial y cómo estas teorías se han desarrollado y cambiado con el tiempo. B. Los meta-análisis, por otro lado, son revisiones de ideas con aportes estadísticos. Estos estudios buscan estimar el tamaño del efecto de los resultados acumulados de un problema de investigación. Por ejemplo, un meta-análisis podría analizar los resultados de varios estudios sobre la eficacia de la terapia cognitivo-conductual en el tratamiento de las alucinaciones auditivas para personas con esquizofrenia en los últimos cinco años. Estudios empíricos con metodología cuantitativa Los estudios empíricos con metodología cuantitativa presentan datos empíricos originales producidos por los autores. Estos estudios se basan en la tradición objetiva y se dividen en varias categorías, incluyendo estudios descriptivos, experimentos, cuasi experimentos, estudios ex post facto, experimentos de caso único y estudios instrumentales. A. Los estudios descriptivos observan y describen fenómenos. Por ejemplo, un estudio descriptivo podría observar y describir el comportamiento de un grupo de personas con trastorno mental grave en un entorno de rehabilitación psicosocial. B. Los estudios experimentales o experimentos manipulan al menos una variable independiente para determinar su efecto sobre una variable dependiente. Por ejemplo, un experimento podría manipular el tipo de intervención de rehabilitación psicosocial (variable independiente) para determinar su efecto sobre la calidad de vida de las personas con trastorno mental grave (variable dependiente). C. Los cuasi experimentos o estudios cuasi-experimentales buscan probar hipótesis de relación causal, pero presentan limitaciones para manipular la variable independiente. Por ejemplo, un cuasi experimento podría examinar el efecto de una intervención de rehabilitación psicosocial existente en la calidad de vida de las personas con trastorno mental grave. D. Los estudios ex post facto examinan las relaciones causales entre variables sin manipular la variable independiente. Por ejemplo, un estudio ex post facto podría examinar la relación entre la duración de la enfermedad mental (variable independiente) y la eficacia de la rehabilitación psicosocial (variable dependiente). E. Los experimentos de caso único utilizan a un individuo como su propio control. Por ejemplo, un experimento de caso único podría examinar los efectos de una intervención de rehabilitación psicosocial en un individuo con trastorno mental grave a lo largo del tiempo. F. Los estudios instrumentales están relacionados con el desarrollo de pruebas e instrumentos. Por ejemplo, un estudio instrumental podría desarrollar una nueva prueba para medir la eficacia de las intervenciones de rehabilitación psicosocial. A continuación, vamos a ampliar la exposición de los estudios cuasi-experimentales y los estudios de caso único por ser especialmente relevantes en la mejora de los programas de intervención en rehabilitación psicosocial. Los estudios cuasi-experimentales. Los estudios cuasi-experimentales son una categoría de investigación empírica que se sitúa entre los estudios observacionales descriptivos y los experimentos verdaderos. En los estudios cuasi-experimentales, los investigadores no tienen control total sobre la manipulación de las variables independientes, a diferencia de los experimentos verdaderos donde los investigadores manipulan directamente las variables independientes y controlan las variables de confusión. En el contexto de la rehabilitación psicosocial de personas con trastorno mental grave, los estudios cuasi-experimentales son particularmente útiles. Por ejemplo, si los investigadores quieren evaluar el impacto de un programa de rehabilitación psicosocial en la calidad de vida de los participantes, pero no pueden asignar aleatoriamente a los participantes al programa o a un grupo de control, pueden utilizar un diseño cuasi-experimental. En un estudio cuasi-experimental, los investigadores pueden comparar los resultados de los participantes que eligieron participar en el programa de rehabilitación (el grupo de tratamiento) con los resultados de un grupo comparable que no participó en el programa (el grupo de control). Aunque este diseño no permite establecer una relación causal con la misma certeza que un experimento verdadero, puede proporcionar evidencia sólida de la eficacia del programa de rehabilitación. La principal limitación de este tipo de estudios es la falta de asignación aleatoria, lo que puede introducir sesgos en los resultados. Por ejemplo, si los participantes que eligen participar en el programa de rehabilitación están más motivados o tienen más apoyo social que los que no participan, estos factores pueden influir en los resultados. Para minimizar estos sesgos, los investigadores pueden utilizar técnicas estadísticas avanzadas, como el emparejamiento por propensión, que intenta equilibrar las características de los participantes en el grupo de tratamiento y el grupo de control. A pesar de estas limitaciones, los estudios cuasi-experimentales son una herramienta valiosa en la investigación de la rehabilitación psicosocial, ya que permiten evaluar la eficacia de las intervenciones en condiciones del mundo real. Estudios de caso único. Los estudios de caso único, también conocidos como diseños de sujeto único, son una forma de investigación empírica que se centra en el análisis detallado de la conducta de un solo individuo, grupo u organización. Aunque este tipo de estudio puede parecer limitado en su alcance, ofrece una oportunidad única para obtener una comprensión profunda y detallada de fenómenos complejos que pueden no ser fácilmente accesibles a través de métodos de investigación más amplios. En el contexto de la rehabilitación psicosocial de personas con trastorno mental grave, los estudios de caso único pueden ser particularmente valiosos. Por ejemplo, un estudio de caso único podría examinar en detalle cómo una persona con esquizofrenia experimenta y se beneficia de un programa de rehabilitación psicosocial, como se hace en el caso de los Planes de Atención Individualizados (PAI) anteriormente conocidos como PIR. Este enfoque puede proporcionar una visión rica y matizada de la eficacia de la intervención o intervenciones, así como de los factores que pueden influir en su éxito o fracaso. Un aspecto clave de los estudios de caso único es que el individuo sirve como su propio control. Esto significa que los investigadores comparan la conducta del individuo antes, durante y después de la intervención. Este diseño permite a los investigadores controlar las variables de confusión y aumentar la confianza en la eficacia de la intervención. Los estudios de caso único utilizan una variedad de estrategias para aumentar la confianza en los resultados. Estas pueden incluir medidas repetidas, la introducción del tratamiento en diferentes momentos, el uso de varias líneas de base, la reversión (donde se retira y reintroduce la intervención) y la replicación. A pesar de sus fortalezas, los estudios de caso único también tienen limitaciones. La principal es que los resultados pueden no ser generalizables a otras personas o situaciones. Sin embargo, a pesar de esta limitación, los estudios de caso único pueden proporcionar una visión valiosa y detallada de la eficacia de las intervenciones de rehabilitación psicosocial y pueden ser una herramienta útil en la caja de herramientas de la investigación en ciencias del comportamiento. Elección del tipo de estudio La elección del tipo de estudio depende del tipo de investigación que se quiera realizar. Los estudios teóricos son útiles para revisar y sintetizar ideas existentes, mientras que los estudios empíricos son necesarios para generar nuevos datos. Dentro de los estudios empíricos, la elección entre la metodología cuantitativa y cualitativa depende de la naturaleza de la pregunta de investigación. La metodología cuantitativa es útil para responder preguntas sobre "cuánto" o "con qué frecuencia", mientras que la metodología cualitativa es útil para explorar "cómo" o "por qué". En el contexto de la rehabilitación psicosocial de personas con trastorno mental grave, diferentes tipos de estudios pueden ser útiles para diferentes propósitos. Por ejemplo, los estudios descriptivos pueden ser útiles para entender el estado actual de la rehabilitación psicosocial, los experimentos pueden ser útiles para probar la eficacia de nuevas intervenciones, y los estudios de casos pueden ser útiles para entender en profundidad las experiencias individuales. En resumen, la elección del tipo de estudio depende del objetivo de la investigación, la naturaleza de la pregunta de investigación y las limitaciones prácticas que con frecuencia se encuentran en el trabajo asistencial. La comprensión de los diferentes tipos de estudios científicos y sus aplicaciones puede ayudar a los investigadores a diseñar y llevar a cabo investigaciones de alta calidad en el campo de la rehabilitación psicosocial de personas con trastorno mental grave. Bibliografía Galarza, C. A. R. (2021). Diseños de investigación experimental. CienciAmérica: Revista de divulgación científica de la Universidad Tecnológica Indoamérica, 10(1), 1-7. Manterola, C., & Zavando, D. (2009). Cómo interpretar los" Niveles de Evidencia" en los diferentes escenarios clínicos. Revista chilena de Cirugía, 61(6), 582-595. Manterola, C., Quiroz, G., Salazar, P., & García, N. (2019). Metodología de los tipos y diseños de estudio más frecuentemente utilizados en investigación clínica. Revista médica clínica las condes, 30(1), 36-49. Petrisor, B. A., & Bhandari, M. (2007). The hierarchy of evidence: levels and grades of recommendation. Indian journal of orthopaedics, 41(1), 11. Zurita-Cruz, J. N., Márquez-González, H., Miranda-Novales, G., & Villasís-Keever, M. Á. (2018). Estudios experimentales: diseños de investigación para la evaluación de intervenciones en la clínica. Revista Alergia México, 65(2), 178-186.

jueves, 23 mayo 2024 09:56

Estabilizadores del Estado de Ánimo: usos, diferencias con otros psicofármacos y principales aplicaciones.
01 - 06 - 2023

Estabilizadores del Estado de Ánimo: usos, diferencias con otros psicofármacos y principales aplicaciones.

Estabilizadores del Estado de Ánimo: usos, diferencias con otros psicofármacos y principales aplicaciones. INVESTIGACIÓN | GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Introducción Los estabilizadores del estado de ánimo, los antidepresivos, los ansiolíticos y los antipsicóticos son todos medicamentos que se utilizan en el tratamiento de diversas condiciones de salud mental también conocidos como psicofármacos, pero difieren en sus mecanismos de acción y en las condiciones para las que están indicados. Los estabilizadores del estado de ánimo son una clase de fármacos utilizados principalmente en el tratamiento de trastornos del estado de ánimo, especialmente el trastorno bipolar. Estos medicamentos son esenciales para ayudar a las personas a mantener un estado de ánimo estable, evitando los extremos de la manía y la depresión. Aunque estos medicamentos pueden ser muy eficaces, también pueden tener efectos secundarios y riesgos. Por lo tanto, es importante que las personas que reciben tratamiento y los profesionales de la salud comprendan bien estos medicamentos para poder tomar decisiones informadas sobre el tratamiento. El trastorno bipolar El trastorno bipolar es una condición de salud mental que se caracteriza por cambios extremos en el estado de ánimo, que incluyen episodios de manía (altos emocionales) y depresión (bajos emocionales). Los síntomas pueden causar cambios impredecibles en el estado de ánimo y el comportamiento, lo que puede resultar en una angustia significativa y dificultades en la vida. Existen varios tipos de trastorno bipolar, entre ellos: Trastorno bipolar I: se considera cuando se presenta por al menos un episodio maníaco que puede ser precedido o seguido por episodios hipomaníacos o depresivos mayores. En algunos casos, la manía puede desencadenar en sintomatología psicótica. Trastorno bipolar II: implica al menos un episodio depresivo mayor y al menos un episodio hipomaníaco, pero nunca se ha tenido un episodio maníaco. Trastorno ciclotímico: se caracteriza por al menos dos años (o un año en niños y adolescentes) de muchos períodos de síntomas de hipomanía y períodos de síntomas depresivos (aunque menos graves que la depresión mayor).   El curso del trastorno bipolar puede variar considerablemente de una persona a otra. Algunas personas pueden experimentar síntomas emocionales entre los episodios, mientras que otras pueden no experimentar ninguno. Los episodios de cambios de humor pueden ocurrir raramente o varias veces al año. Según la Organización Mundial de la Salud, se estima que alrededor de 60 millones de personas en todo el mundo sufren de trastorno bipolar. En España, la prevalencia del trastorno bipolar se estima en alrededor del 2% de la población. Sin embargo, es importante tener en cuenta que estas cifras pueden variar dependiendo de los criterios diagnósticos utilizados y de otros factores que escapan al propósito de esta artículo. Diferencias entre estabilizadores del estado de ánimo, antidepresivos, ansiolíticos y antipsicóticos Estabilizadores del estado de ánimo: incluyen el litio y ciertos anticonvulsivos, actúan sobre varios sistemas de neurotransmisores en el cerebro para ayudar a regular las fluctuaciones en el estado de ánimo. El litio, por ejemplo, se cree que actúa inhibiendo una enzima llamada inositol monofosfatasa, lo que a su vez afecta a varios neurotransmisores, incluyendo la serotonina y el glutamato. Los anticonvulsivos, como el valproato y la lamotrigina, pueden actuar aumentando la actividad del ácido gamma-aminobutírico (GABA), un neurotransmisor inhibidor, y disminuyendo la actividad del glutamato, un neurotransmisor excitador. Antidepresivos: actúan principalmente aumentando la disponibilidad de ciertos neurotransmisores en el cerebro, como la serotonina, la norepinefrina y la dopamina. Esto se logra inhibiendo la recaptación de estos neurotransmisores en las neuronas, lo que permite que permanezcan activos en el espacio sináptico durante más tiempo. Los antidepresivos también pueden actuar sobre otros sistemas de neurotransmisores y vías de señalización en el cerebro. Ansiolíticos: incluyen las benzodiazepinas y ciertos antidepresivos y antipsicóticos, actúan disminuyendo la actividad del sistema nervioso central para reducir los síntomas de la ansiedad. Las benzodiazepinas, por ejemplo, actúan aumentando la actividad del GABA, lo que tiene un efecto calmante. Antipsicóticos: aunque se utilizan para tratar los trastornos psicóticos, como la esquizofrenia, y a veces también se utilizan en el tratamiento del trastorno bipolar. Estos medicamentos actúan bloqueando los receptores de dopamina en el cerebro, lo que puede ayudar a reducir los síntomas psicóticos como las alucinaciones y los delirios. Algunos antipsicóticos también tienen efectos sobre otros sistemas de neurotransmisores, como la serotonina. Por tanto, aunque estos medicamentos pueden tener funciones similares en el tratamiento de los trastornos de salud mental, cada uno tiene unos mecanismos de acción más o menos delimitados y están indicados para diferentes trastornos. Historia de los estabilizadores del estado de ánimo Si bien los antiguos griegos ya reconocían los estados de manía y melancolía, que consideraban el resultado de un desequilibrio en los humores del cuerpo, la comprensión contemporánea del trastorno bipolar se remonta a 1850 cuando el psiquiatra francés Jean-Pierre Falret describió un nuevo trastorno psiquiátrico llamado "folie circulaire" (locura circular) que sigue un ciclo de depresión y manía, con un interludio libre de síntomas de duración indeterminada entre estos dos extremos de la enfermedad. A lo largo del siglo XX, siendo este trastorno conocido como psicosis maniaco-depresiva, los avances en la neurociencia y la psicofarmacología llevaron al desarrollo de los primeros medicamentos eficaces para el tratamiento del trastorno bipolar. El litio, que se introdujo en la década de 1940, fue el primer estabilizador del estado de ánimo y sigue siendo un tratamiento de primera línea para el trastorno bipolar. Desde entonces, se han desarrollado y aprobado varios otros estabilizadores del estado de ánimo, incluyendo varios anticonvulsivos y antipsicóticos atípicos. Clasificación actual de los estabilizadores del estado de ánimo Los estabilizadores del estado de ánimo se pueden clasificar en varios grupos según su mecanismo de acción. Los principales grupos incluyen el litio y los anticonvulsivos. El litio es el estabilizador del estado de ánimo más antiguo y sigue siendo un tratamiento de primera línea para el trastorno bipolar. Aunque su mecanismo exacto de acción sigue siendo objeto de investigación, se cree que el litio actúa modulando la actividad de ciertos neurotransmisores y vías de señalización en el cerebro. Los anticonvulsivos, como el valproato y la lamotrigina, también se utilizan como estabilizadores del estado de ánimo. Estos medicamentos, originalmente desarrollados para el tratamiento de la epilepsia, se encontró que tenían propiedades estabilizadoras del estado de ánimo y ahora se utilizan comúnmente en el tratamiento del trastorno bipolar. Ventajas e inconvenientes del uso de estabilizadores del estado de ánimo Los estabilizadores del estado de ánimo pueden ser muy eficaces para controlar los síntomas del trastorno bipolar. Pueden ayudar a prevenir los episodios de manía y depresión, y a mantener un estado de ánimo más estable a lo largo del tiempo. Esto puede mejorar significativamente la calidad de vida de las personas con trastorno bipolar. Sin embargo, como todos los medicamentos, los estabilizadores del estado de ánimo también pueden tener efectos secundarios y riesgos. Por ejemplo, el litio puede causar problemas renales y tiroideos a largo plazo, y los anticonvulsivos pueden causar efectos secundarios como somnolencia, mareos y problemas de coordinación. Además, el uso de estabilizadores del estado de ánimo requiere un seguimiento regular por parte de un profesional de la salud para monitorizar la eficacia del tratamiento y los posibles efectos secundarios. Esto puede incluir pruebas de sangre regulares para monitorizar los niveles de medicación y la función renal y tiroidea. Por qué algunos estabilizadores del estado de ánimo son inyectados Algunos estabilizadores del estado de ánimo se administran por vía inyectable para garantizar que la persona reciba la dosis correcta de medicación. Esto puede ser especialmente útil en casos en los que la persona tiene dificultades para tomar medicación oral, como en situaciones de crisis agudas o cuando hay problemas de adherencia al tratamiento. Las inyecciones de estabilizadores del estado de ánimo también pueden proporcionar una liberación más constante de medicación, lo que puede ayudar a mantener un nivel más estable de medicación en el cuerpo y reducir las fluctuaciones en el estado de ánimo. Principales efectos secundarios de los estabilizadores del estado de ánimo Los efectos secundarios de los estabilizadores del estado de ánimo pueden variar dependiendo del medicamento específico. Algunos de los efectos secundarios más comunes incluyen somnolencia, mareos, problemas de coordinación, aumento de peso, problemas metabólicos, problemas renales y tiroideos. En algunos casos, estos medicamentos también pueden aumentar el riesgo de pensamientos y comportamientos impulsivos, especialmente en jóvenes y adolescentes. Es importante que las personas tratadas discutan estos posibles efectos secundarios con su médico para que puedan tomar una decisión informada sobre su tratamiento. Además, cualquier efecto secundario grave o inesperado debe ser informado a un médico de inmediato. Conclusión Los estabilizadores del estado de ánimo son una herramienta esencial en el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo, especialmente el trastorno bipolar. Aunque estos medicamentos pueden tener efectos secundarios, su capacidad para ayudar a las personas tratadas a mantener un estado de ánimo estable puede mejorar significativamente la calidad de vida de las personas diagnosticadas. Si como es recomendable, trabajamos desde un modelo de atención integral centrado en la persona, es importante que las personas tratadas conozcan y discutan todas las opciones de tratamiento con su médico para tomar la decisión que mejor se adapte a sus necesidades y circunstancias individuales. Aunque los estabilizadores del estado de ánimo pueden ser una parte importante del tratamiento para el trastorno bipolar, también es necesario considerar otras formas de tratamiento complementarias, como los programas de rehabilitación psicosocial que ayudan a la recuperación funcional y a la estabilización clínica. En última instancia, el objetivo del tratamiento del trastorno bipolar, como con cualquier condición de salud mental, es ayudar a las personas a vivir vidas plenas y satisfactorias. Con el tratamiento adecuado, las personas con trastorno bipolar pueden manejar sus síntomas y disfrutar de una buena calidad de vida. Bibliografía Baldessarini, R. J., & Tondo, L. (2020). Lithium and Bipolar Disorder. In Reference Module in Neuroscience and Biobehavioral Psychology. Elsevier. https://doi.org/10.1007/978-3-319-56015-1_37-1 Geddes, J. R., Miklowitz, D. J. (2021). Treatment of bipolar disorder. The Lancet, 397(10278), 1079-1091.https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)31544-0 Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre Trastorno Bipolar. (2012). Guía de Práctica Clínica sobre Trastorno Bipolar [Versión resumida]. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Universidad de Alcalá. Asociación Española de Neuropsiquiatría.https://portal.guiasalud.es/wp-content/uploads/2018/12/GPC_510_Trastorno_Bipolar_resum.pdf Malhi, G. S., Bell, E., Bassett, D., Boyce, P., Bryant, R., Hazell, P., Hopwood, M., Lyndon, B., Mulder, R., Porter, R., Singh, A. B., & Murray, G. (2021). The 2020 Royal Australian and New Zealand College of Psychiatrists clinical practice guidelines for mood disorders. Australian & New Zealand Journal of Psychiatry, 55(1), 7-117.https://doi.org/10.1177/0004867420979353 World Health Organization. (2020). Bipolar disorder. https://platform.who.int/mortality/themes/theme-details/topics/indicator-groups/indicator-group-details/MDB/bipolar-disorder Yatham, L. N., Kennedy, S. H., Parikh, S. V., Schaffer, A., Bond, D. J., Frey, B. N., Sharma, V., Goldstein, B. I., Rej, S., Beaulieu, S., Alda, M., MacQueen, G., Milev, R. V., Ravindran, A., O'Donovan, C., McIntosh, D., Lam, R. W., Vazquez, G., Kapczinski, F., McIntyre, R. S., Kozicky, J., Kanba, S., Lafer, B., Suppes, T., Calabrese, J. R., Vieta, E., Malhi, G., Post, R. M., Berk, M. (2018). Canadian Network for Mood and Anxiety Treatments (CANMAT) and International Society for Bipolar Disorders (ISBD) 2018 guidelines for the management of patients with bipolar disorder. Bipolar Disorders, 20(2), 97-170https://doi.org/10.1111/bdi.12609

jueves, 15 junio 2023 12:24

Resumen del artículo.Racismo y psicosis
31 - 05 - 2023

Resumen del artículo.Racismo y psicosis

Etiquetas: esquizofrenia

Resumen del artículo. Racismo y psicosis. INVESTIGACIÓN | GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO Autor: Víctor González Ayuso. Psicólogo investigador. Área de Gestión del Conocimiento que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. El racismo se encuentra estructurado en nuestra sociedad mediante las instituciones y personas que las representan, dando forma a los entornos sociales y experiencias cotidianas. Componente estructural del racismo El racismo es estructural, esto quiere decir que involucra diferentes elementos del sistema interconectándolos y reforzándose entre sí. Las leyes y políticas institucionales consolidan la desigualdad en la población, mediante prácticas no equitativas entre los diferentes determinantes del sistema. Por ejemplo: Los barrios se relacionan con condiciones de calidad y oportunidad a nivel educativo, estas posibilidades a su vez están conectadas con oportunidades laborales, y posteriormente formas legales/no legales de ganarse la vida. Diferencias raciales en la psicosis La existencia de disparidades raciales en tratamientos de salud mental sigue siendo un tema contradictorio en la sociedad occidental. Uno de los primeros estudios centrado en la psicosis y tipo de etnia, realizado en Reino Unido, mostró una tasa de incidencia elevada en los caribeños negros y africanos negros (Fearon et al. 2006). Otro estudio realizado por Veling et al (2006) en Países Bajos, también encontraron tasas más altas de esquizofrenia entre grupos de inmigrantes no occidentales en comparación con personas holandesas blancas. Estos estudios entran en comparación con estudios más recientes realizados en Estados Unidos , los cuales muestran como los afroamericanos son desigualmente diagnosticados con esquizofrenia por razones como el sesgo médico o factores históricos sociopolíticos. (Olbert et al. 2018, Metzl, 2010). Además Gara et al. (2019) en un estudio realizado en un centro ambulatorio de Estados Unidos, encontró como los afroamericanos tenían más posibilidades de ser diagnosticados con esquizofrenia en comparación con los blancos, a pesar de que las muestras entre ambos grupos eran similares. Un metanálisis realizado por Olbert et al. (2018) revela como en las evaluaciones tanto estructuradas como no estructuradas, las personas blancas fuero menos diagnosticadas con esquizofrenia que las personas negras. Esta hipótesis de diagnóstico erróneo fue también probada en Reino Unido, encontrando diferencias estadísticamente significativas al haber menos probabilidad de que los individuos blancos tuvieran un curso continuo de psicosis en los 4 años posteriores, debido a un mal diagnóstico en el inicio del estudio. Factores socioambientales y psicosis Actualmente se sugiere que la diferencia entre grupos étnicos con relación a la psicosis tiende a explicarse en gran medida por factores de riesgo socioambientales intensificados por el racismo estructural. Estos factores están influidos por el ambiente social tanto a nivel individual como a nivel macro. Entre los factores de riesgo examinados, encontramos el relacionado con exposición a experiencias interpersonales de discriminación racial. Williams y Mohamed (2013) sugieren que la discriminación racial se asocia con varios resultados de salud física y mental para grupos negros, sufriendo un mayor riesgo de obtener resultados negativos para la salud asociados a la discriminación racial. El estrés relacionado con las experiencias discriminativas crea una acumulación de emociones dañinas que acaban afectando de forma adversa a la salud. Por lo tanto el estrés crónico y las consecuencias biológicas derivadas de este basadas en la raza, afectan al riesgo de padecer psicosis entre la población discriminada por motivos raciales. Si desea conocer más acerca del racismo y la psicosis puedes acceder al artículo referenciado a través del siguiente enlace. Bibliografía Fearon, P., Kirkbride, J. B., Morgan, C., Dazzan, P., Morgan, K., Lloyd, T., ... & Murray, R. M. (2006). Incidence of schizophrenia and other psychoses in ethnic minority groups: results from the MRC AESOP Study. Psychological medicine, 36(11), 1541-1550. Gara, M. A., Minsky, S., Silverstein, S. M., Miskimen, T., & Strakowski, S. M. (2019). A naturalistic study of racial disparities in diagnoses at an outpatient behavioral health clinic. Psychiatric Services, 70(2), 130-134. Metzl, J. M. (2010). The protest psychosis: How schizophrenia became a black disease. Beacon Press. Olbert, C. M., Nagendra, A., & Buck, B. (2018). Meta-analysis of Black vs. White racial disparity in schizophrenia diagnosis in the United States: Do structured assessments attenuate racial disparities?. Journal of Abnormal Psychology, 127(1), 104. Veling W, Selten J-P, Veen N, Laan W, Blom JD, Hoek HW. 2006. Incidence of schizophrenia among ethnic minorities in the Netherlands: a four-year first-contact study. Schizophr. Res. 86(1–3):189–93 Williams DR, Mohammed SA. 2013. Racism and health I: pathways and scientific evidence. Am. Behav. Sci. 57(8):1152–73

miércoles, 31 mayo 2023 13:50

Resumen del artículo. Alimentación desordenada entre personas con trastornos del espectro esquizofrénico: una revisión sistemática
25 - 05 - 2023

Resumen del artículo. Alimentación desordenada entre personas con trastornos del espectro esquizofrénico: una revisión sistemática

Resumen del artículo. Alimentación desordenada entre personas con trastornos del espectro esquizofrénico: una revisión sistemática INVESTIGACIÓN | GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO Autor: Víctor González Ayuso. Psicólogo investigador. Área de Gestión del Conocimiento que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. La esquizofrenia y estilos de vida poco saludables Las personas con esquizofrenia poseen un riesgo entre 2 y 5 veces mayor de padecer síndrome metabólico, obesidad, diabetes y otras enfermedades cardiovasculares en comparación con la población general. Estos problemas de salud física pueden contribuir a reducir en un 20% de la esperanza de vida y asociarse con otros factores negativos como la mala adherencia al tratamiento, mayor riesgo de recaídas, mala calidad de vida y baja autoestima. Investigaciones actuales han mostrado asociaciones entre la obesidad, diabetes y síndrome metabólico… con fumar, conductas alimenticias poco saludables y estilo de vida sedentario. Las personas con esquizofrenia poseen una dieta alta en grasas saturadas y calorías; así como un consumo de cigarrillos más elevando que en la población en general. Al ser más elevadas estos problemas entre las personas con este tipo de patología, es lógico que las tasas de comportamiento alimentarios desordenados sean más elevadas en esta población. Trastornos alimenticios y esquizofrenia El termino trastorno alimenticio se utiliza para describir patrones de alimentación poco saludables que pueden no alcanzar el umbral para poder ser diagnosticado, pero poseen un impacto negativo en el funcionamiento de la persona. Los estudios asociados a alteraciones alimenticias y esquizofrenia nos hablan de anomalías metabólicas experimentadas en personas con esquizofrenia debido a las altas grasas saturadas y dietas bajas en fibra; y altas tasas comorbilidad entre los trastornos alimentarios compulsivos y síndromes de alimentación nocturna entre estas personas. La revisión sistemática realizada por Sankaranarayanan et al. (2021) la prevalencia y las correlaciones del trastorno por atracón compulsivo y otros comportamientos alimentarios desordenados, con la relación con los síntomas específicos de la esquizofrenia (por ejemplo, positiva, negativa, cognitiva o afectiva) o la etapa de la enfermedad (aguda versus crónica). Los resultados muestran encontró tasas elevadas de atracones, comidas nocturnas, adicción a la comida, antojo de alimentos y conductas alimentarias desordenadas entre las personas con esquizofrenia y que recibieron un tratamiento antipsicótico. También se encontraron falta de cumplimento de todos los criterios por parte de las personas con esquizofrenia, para poder diagnosticar este tipo de trastornos alimenticios, en particular, no informan de la angustia. Esta falta de angustia se ha atribuido a la apatía y a los síntomas negativos en la esquizofrenia, porque ítems específicos como “comer solo por sentir vergüenza” no se aplicaron a esta población ya que tienden al aislamiento o a vivir solos. Si desea conocer más acerca del artículo puede hacerlo a través del siguiente enlace. Otros artículos El síndrome metabólico y su relación con los trastornos mentales graves Recomendación BiblioCreap: Nutrición Humana

jueves, 25 mayo 2023 14:16

Una mirada a los antipsicóticos: Usos, Clasificación y Efectos Secundarios
23 - 05 - 2023

Una mirada a los antipsicóticos: Usos, Clasificación y Efectos Secundarios

Una mirada a los antipsicóticos: Usos, Clasificación y Efectos Secundarios INVESTIGACIÓN | GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Origen y tipos. En el vasto mundo de la farmacología, los medicamentos antipsicóticos juegan un papel crucial en el tratamiento de los trastornos mentales graves con sintomatología de tipo psicótico. Estos fármacos, que se utilizan principalmente para tratar la esquizofrenia, los trastornos bipolares y otros trastornos, han ido evolucionando en su forma y eficacia desde su aparición en la década de 1950 del pasado siglo. Los antipsicóticos, también conocidos como neurolépticos, se clasifican en dos grandes grupos: los antipsicóticos típicos (o de primera generación) y los antipsicóticos atípicos (o de segunda generación). El primer antipsicótico, la clorpromazina, fue introducido en la década de 1950, marcando el inicio de la era moderna de los medicamentos psicotrópicos. Posteriormente, en la década de 1990, surgió una nueva generación de antipsicóticos, los llamados atípicos. Los antipsicóticos típicos, incluyendo medicamentos como la clorpromazina y el haloperidol, funcionan principalmente al bloquear los receptores de dopamina D2 en el cerebro. Esta acción reduce la hiperactividad de la dopamina que se cree que está en la raíz de los síntomas psicóticos. Sin embargo, la inhibición de la dopamina, como veremos más adelante, puede dar lugar a una serie de efectos secundarios, como síntomas extrapiramidales (problemas de movimiento y coordinación), que limitan su uso. Por otro lado, los antipsicóticos atípicos, como la risperidona y la olanzapina, no sólo bloquean los receptores de dopamina, sino también los receptores de serotonina. Este mecanismo de acción más diversificado da como resultado una menor incidencia de efectos secundarios extrapiramidales, aunque puede llevar a otros problemas, como el aumento de peso y la diabetes. Vías de administración y efectos secundarios. Una consideración importante en la elección del medicamento es la vía de administración. Algunos antipsicóticos se administran por vía oral, mientras que otros se inyectan. Las inyecciones, conocidas como antipsicóticos de depósito o inyectables de acción prolongada, ofrecen varias ventajas, como la garantía de la toma del medicamento y la liberación continua del fármaco en el organismo. Sin embargo, las inyecciones pueden ser menos convenientes para algunas personas y pueden presentar riesgos de reacciones en el lugar de la inyección. Como se puede suponer, el uso de antipsicóticos no está exento de efectos secundarios, que pueden variar dependiendo del tipo de medicamento y de la persona tratada. Como se ha comentado, los antipsicóticos típicos pueden causar síntomas extrapiramidales, así como problemas de movimiento, rigidez muscular y temblores. Los antipsicóticos atípicos, aunque tienen menos probabilidades de causar estos problemas, pueden causar aumento de peso, diabetes, y en algunos casos, problemas cardiacos. Todos los antipsicóticos también pueden causar sedación, mareos y cambios en los niveles de ciertas hormonas en el cuerpo, como la prolactina. Sin embargo, es esencial tener en cuenta que la experiencia de cada persona con los efectos secundarios puede variar enormemente, y que no todas las personas tratadas experimentarán ni estos problemas ni de la misma forma. Clasificación actual de los antipsicóticos. En cuanto a la clasificación actual de los antipsicóticos, la primera generación o típicos se agrupan principalmente en fenotiazinas (como la clorpromazina y la tioridazina) y butirofenonas (como el haloperidol). Por otro lado, los antipsicóticos atípicos o de segunda generación incluyen aripiprazol, clozapina, lurasidona, olanzapina, quetiapina, risperidona, y ziprasidona, entre otros. La clozapina es notable por su eficacia en el tratamiento de la esquizofrenia resistente al tratamiento, aunque tiene un riesgo de agranulocitosis, una disminución peligrosa de los glóbulos blancos. El avance científico y tecnológico en las neurociencias ha posibilitado la aparición de nuevos fármacos antipsicóticos, que buscan mejorar la eficacia terapéutica y reducir los efectos secundarios. Un ejemplo reciente es la cariprazina, aprobada para el tratamiento de la esquizofrenia y el trastorno bipolar. Este fármaco muestra un mecanismo de acción único, ya que actúa como un agonista parcial de los receptores de dopamina D2 y D3, y tiene una eficacia similar a los antipsicóticos atípicos, pero con un perfil de efectos secundarios potencialmente más favorable. En la siguiente tabla se resume la clasificación actual de antipsicóticos Antipsicóticos Típicos (Primera Generación) Fenotiazinas Clorpromazina Tioridazina Butirofenonas Haloperidol Antipsicóticos Atípicos (Segunda Generación) Aripiprazol Clozapina (Nota: Eficaz en el tratramiento de la esquizofrenia reistente al tratamiento, pero con riesgo de agranulocitosis Lurasidona Olanzapina Risperidona Ziprasidona Nuevos Fármacos Antipsicóticos Cariprazina (Nota: Aprobada para el tratamiento de la esquizofrenia y el trastorno bipolar. Actúa como un agonista parcial de los receptores de dopamina D2 y D3. Similar eficacia a los antipsicóticos atípicos, pero con un perfil de efectos secundarios potencialmente más favorable) Bibliografía Barton, B. B., Segger, F., Fischer, K., Obermeier, M., & Musil, R. (2020). Update on weight-gain caused by antipsychotics: a systematic review and meta-analysis. Expert Opinion on Drug Safety, 19(3), 295-314. https://doi.org/10.1080/14740338.2020.1713091 Carbon, M., & Correll, C. U. (2022). Clinical predictors of therapeutic response to antipsychotics in schizophrenia. Dialogues in Clinical Neuroscience, 16(4), 505-524. https://doi.org/10.31887/DCNS.2014.16.4/mcarbon Orsolini, L., De Berardis, D., Volpe, U. (2020). Up-to-date expert opinion on the safety of recently developed antipsychotics. Expert opinion on drug safety, 19(8), 981-998. https://doi.org/10.1080/14740338.2020.1795126 Kaar, S. J., Natesan, S., Mccutcheon, R., Howes, O. D. (2020). Antipsychotics: mechanisms underlying clinical response and side-effects and novel treatment approaches based on pathophysiology. Neuropharmacology, 172, 107704. https://doi.org/10.1016/j.neuropharm.2019.107704 Otros artículos Guía para comprender la psicosis y la esquizofrenia. The British Psychological Society Recomendación BiblioCreap: Todas las esquizofrenias Resumen Artículo: ” Adherencia al tratamiento en la esquizofrenia. Una comparación entre las opiniones de pacientes, familias y psiquiatras” por Rubén Femenía (Área de Psicología del Creap)

jueves, 01 junio 2023 14:31

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